La marcha que se detuvo para avanzar: la CNTE frente a la promesa incumplida del Humanismo Mexicano

La prudencia se convierte en mensaje político

La decisión de detener la marcha antes de llegar a encontrarse de frente con la policía de la Ciudad de México, cuando se dirigían al Estadio Azteca, Estadio Banorte, o Estadio Ciudad de México fue, paradójicamente, el acto político más contundente de la Jornada de visibilidad mundial, Jornada de lucha o Protestas antimundialistas.

En un contexto internacional marcado por la celebración de la Copa Mundial 2026 de futbol, miles de maestros agrupados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) optaron por frenar su avance y concluir su movilización frente a la barricada que los cuerpos policiacos instalaron en División del Norte y calzada de Tlalpan, Ciudad de México.

Las secciones sindicales que fueron representadas son de los estados de Oaxaca, Sección XXII (quienes lideraron el paro nacional y movilizaciones); Guerrero, representantes de la CETEG; Morelos, Sección XIX; Zacatecas, Sección XXXIV; Michoacán, Sección XVIII; Chiapas, sección VII y XL; Ciudad de México, Sección IX, X, XI. A estas manifestaciones se sumaron las protestas y bloqueos regionales de apoyo en diversas entidades federativas como Baja California, Sonora, Nayarit, Hidalgo y Chihuahua.

Los representantes de las secciones sindicales al realizar la conferencia de prensa en plena calzada de Tlalpan dijeron que las movilizaciones no tienen el propósito de afectar el desarrollo del torneo de futbol más importante del planeta, sino de hacer notorio a nivel nacional y mundial su inconformidad con el gobierno federal.

No fue una retirada. Fue una decisión estratégica

Los dirigentes magisteriales dijeron entender que cualquier incidente, cualquier provocación o cualquier confrontación podía convertirse en la noticia principal y eclipsar el verdadero objetivo de la movilización: exhibir ante México y ante el mundo la contradicción entre el discurso oficial del llamado Humanismo Mexicano y la realidad que enfrentan miles de trabajadores de la educación que exigen el cumplimiento de una promesa presidencial.

“Se debe tener claro que la consigna central no fue ir contra el torneo de futbol más importante del mundo, ni contra la población que a él acude; fue sí, ir contra el incumplimiento de un compromiso político”, así resumió ese hecho Pedro Hernández Morales, dirigente de la Sección 9 de la CNTE, en el acto realizado al término de la movilización y añadió: “no queremos arruinar la fiesta, queremos crear conciencia”; la prudencia, en esta ocasión, fue también una forma de denuncia.

La promesa que persigue a la Cuarta Transformación

El conflicto actual tiene una raíz profunda…

La demanda central y exigencia principal de la CNTE es la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 impulsada durante el gobierno del panista Felipe Calderón Hinojosa, una reforma que modificó radicalmente el sistema de pensiones de los trabajadores al sustituir el esquema solidario por cuentas individuales manejadas por la Administradora de Fondos para el Retiro (Afore). Para los maestros movilizados esa reforma representa uno de los pilares del modelo neoliberal que los gobiernos posteriores prometieron desmontar.

Durante años, Andrés Manuel López Obrador y posteriormente Claudia Sheinbaum Pardo construyeron buena parte de su legitimidad política sobre la crítica a las reformas estructurales impulsadas desde los gobiernos del PAN y del PRI que terminaron aprobándose con el llamado Pacto por México firmado por el PAN, PRI y apoyado por el extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD); una de las enmiendas constitucionales fue la educativa.

En cuanto al régimen de pensiones de cuentas individuales para los trabajadores al servicio del Estado éste fue aprobado durante el gobierno federal del presidente Felipe Calderón. Luego el nuevo sistema de pensiones se oficializó mediante la publicación de la nueva Ley del ISSSTE en el Diario Oficial de la Federación el 31 de marzo de 2007, y entró en vigor el 1 de abril de ese mismo año.

Uno y otra, políticos fundadores del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), prometieron revertir estas reformas llamadas estructurales en diversos actos de campaña y para ello pedían no sólo llegar al gobierno, sino tener el poder de decidir en ambas cámaras legislativas que conforman el Congreso de la Unión; sin embargo, apunta la CNTE, las contrarreformas prometidas nunca llegaron.

Para éstos la permanencia del régimen pensionario basado en cuentas individuales se ha convertido en la evidencia más tangible de una continuidad que contradice el discurso oficial de transformación. Por estas razones la protesta magisterial no gira únicamente alrededor de prestaciones laborales, pues lo que está en disputa es la credibilidad de un proyecto político que prometió revertir las políticas neoliberales y que, según sus críticos, terminó administrando buena parte de ellas.

El origen de una rebeldía histórica

Para comprender la magnitud de la actual movilización es necesario remontarse varias décadas atrás.

La CNTE nació en 1979 como una respuesta al control corporativo ejercido por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y el Estado mexicano sobre la vida sindical de los docentes. Es decir, su aparición no fue una mera circunstancia de la vida, y fue el resultado de una larga tradición de lucha democrática del magisterio mexicano que encuentra un antecedente en la figura de Othón Salazar Ramírez.

Othón Salazar encabezó, a finales de la década de 1950, uno de los movimientos democráticos más relevantes del magisterio nacional. Su lucha no se limitaba a mejores salarios, planteaba la necesidad de democratizar los sindicatos, dignificar la profesión docente y convertir a la educación pública en un instrumento de emancipación social. En 1957 Salazar fundó el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM), una organización disidente que luchaba por la democracia sindical y mejores salarios frente al control del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

La larga resistencia magisterial

Para Salazar, el maestro debía ser un actor crítico frente al poder, no un empleado subordinado a los gobiernos en turno. Ese legado sobrevivió a la represión, a los encarcelamientos y a las derrotas temporales. Décadas después se convertiría en una suerte de ADN político de la CNTE. Por lo tanto, cuando los dirigentes actuales afirman que luchan por las futuras generaciones y no únicamente por sus propias pensiones, están apelando a una tradición histórica que rebasa el ámbito estrictamente laboral.

El periodista y analista Luis Hernández Navarro[1] ha documentado la historia de la CNTE y ha insistido en que el movimiento magisterial democrático no puede entenderse únicamente como una organización sindical. Para Hernández Navarro, la Coordinadora representa una de las expresiones más persistentes de resistencia social en México. Y señala que su fuerza radica en que combina demandas gremiales con reivindicaciones políticas, comunitarias y democráticas.

Desde Oaxaca hasta Chiapas, Guerrero, Michoacán o la Ciudad de México, la CNTE ha construido una identidad que se nutre de luchas indígenas, movimientos campesinos y experiencias de educación popular. Esa dimensión explica por qué la organización ha sobrevivido a distintos gobiernos y formas de gobernar. Y también explica por qué el actual desencuentro con un gobierno que se presenta de izquierda resulta particularmente significativo.

Lo paradójico e irritante es que muchos de los maestros movilizados participaron activamente en las luchas que contribuyeron al ascenso político de esto que desde el gobierno llaman Cuarta Transformación —hay quienes de manera burlesca y socarrona, añaden al nombre de este proyecto político después de tres puntos: «del PRI»—. Hoy son esos mismos sectores los que acusan al nuevo régimen de incumplir sus compromisos históricos.

El discurso y la realidad

Aquí aparece una de las claves interpretativas planteadas por el maestro universitario Mauro Jarquín Ramírez[2]. En sus análisis sobre la Nueva Escuela Mexicana, Jarquín Ramírez sostiene que las políticas públicas deben entenderse no sólo como textos legales sino también como discursos que producen significados sociales. La observación resulta particularmente útil para analizar el conflicto actual.

El Humanismo Mexicano ha sido presentado como el marco ético y político de la Cuarta Transformación. En el discurso se habla de justicia social, dignificación del magisterio, defensa de la educación pública y recuperación del papel transformador de la escuela. Pero la CNTE sostiene que existe una distancia creciente entre ese discurso y las decisiones concretas del gobierno. Y precisamente allí radica la fuerza simbólica de la movilización.

Entonces, no se trata solamente de exigir una modificación legal y sí de denunciar que el lenguaje de la transformación ha dejado de corresponder con las acciones gubernamentales; la marcha al estadio mundialista buscaba precisamente evidenciar esa contradicción. Mientras México se presenta ante el mundo como una nación comprometida con la justicia social, miles de trabajadores de la educación afirman que continúan sometidos a un régimen pensionario heredado del neoliberalismo.

El fantasma de la reforma educativa

La inconformidad magisterial tampoco puede separarse de la historia reciente de la educación mexicana. Como lo señalan investigadores, la llamada Nueva Escuela Mexicana (NEM) surgió de complejos acuerdos políticos y mantuvo elementos de continuidad con reformas anteriores, pese a la proclama oficial de ruptura.

Para amplios sectores de la CNTE, la reforma educativa impulsada durante el gobierno de López Obrador no representó una cancelación plena del modelo anterior — ha sido llamada Ley AMLO-Peña Nieto—. La percepción de continuidad alimentó el escepticismo, y hoy la permanencia de la Ley del ISSSTE de 2007 refuerza esa lectura. Desde la visión magisterial, el problema no es únicamente pensionario, pues es sólo una muestra de que las estructuras fundamentales del modelo neoliberal permanecen intactas.

El Mundial como escaparate involuntario

La proximidad del Mundial 2026 introdujo una variable inesperada. El gobierno sostiene que las movilizaciones buscan proyectar una imagen desfavorable, perniciosa, del país durante un acontecimiento deportivo internacional; la CNTE responde exactamente lo contrario, pues asegura que la visibilidad internacional constituye una oportunidad para mostrar una realidad que, según sus dirigentes, el gobierno intenta minimizar. Por esta razón la CNTE no considera que la marcha del 11 de junio haya sido concebida para realizar un sabotaje —como se quiere hacer creer, añaden —, y sí diseñada como una acción política de alto impacto simbólico.

El mensaje era simple: si México quiere presentarse ante el mundo como ejemplo de transformación social, primero debe resolver las deudas pendientes con quienes sostienen diariamente la educación pública.

Una disputa por el sentido de la transformación

Más allá de las consignas y de las negociaciones inmediatas, el conflicto entre la CNTE y el gobierno de Claudia Sheinbaum representa una disputa más profunda y no es solamente una discusión sobre pensiones: es una confrontación sobre el significado mismo de la transformación prometida desde 2018.

La Coordinadora sostiene que no puede existir Humanismo Mexicano mientras continúe vigente una legislación que transfiere a los trabajadores el riesgo de su retiro y fortalece la lógica financiera de las Afore. El gobierno responde que ha realizado esfuerzos significativos y que mantiene abiertas las vías de diálogo. Entre ambas posiciones se abre una brecha en la que todavía ni se vislumbra una solución. Mientras tanto, la dirigencia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación dice que la marcha de ese 11 de junio se detuvo antes de llegar al Estadio Azteca, no por debilidad, ni por cansancio, sino porque sus organizadores comprendieron que el verdadero objetivo no era ocupar un estadio ni interrumpir una celebración deportiva y que se trataba, eso sí, de colocar ante la mirada nacional e internacional una pregunta incómoda para el gobierno encabezado por Sheinbaum Pardo: si la transformación prometida era tan profunda como se anunció, ¿por qué una de las principales demandas históricas del magisterio democrático sigue esperando respuesta casi dos décadas después de la reforma de 2007?

Esa pregunta, más que la marcha misma, es la que la CNTE desea acrecentar y llevar por las calles de México.


[1] Ha publicado al menos cuatro libros sobre el movimiento magisterial: Cero en conducta Crónicas de la resistencia magisterial (2009 / 2013); La primavera magisterial (2019); La novena ola magisterial (2016); La pintura en la pared. Una ventana a las escuelas normales y a los normalistas rurales (2023).

[2]  Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM y Máster en Políticas Educativas para el Desarrollo Global por la Universitat Autònoma de Barcelona (Estado español) y la University of Glasgow (Reino Unido). Jarquín Ramírez es también articulista colaborador del periódico nacional La Jornada.