Hay ausencias que no pueden medirse en el calendario, sino en la falta que hace una palabra a tiempo. El fallecimiento de nuestro maestro Rodolfo Sánchez Mena, este 3 de agosto de 2026, es causa de una profunda tristeza y de un sentimiento de abandono.
Hoy la noticia corre despacio, pero cala hondo en muchos rincones de esta tierra donde estamos y que tal vez escogimos sin pensarlo para conocernos y caminar juntos, apretando el pecho de quienes hacen de la causa migrante su vida entera.
Se nos fue un hombre bueno. Para la comunidad de mexicanas y mexicanos en el extranjero, el Maestro (así, en mayúscula) no era sólo nuestro referente; era un puerto con la luz siempre encendida.
En un mundo que a veces se siente ajeno y el andar en él es cuesta arriba, supo construir un refugio de puertas abiertas donde la confianza se daba sin regateos y el apoyo venía siempre acompañado de una enseñanza sabia desde la palabra que al pronunciarse nombra y construye, porque fue él mismo para todos, todas; nosotros, nosotras, verdadero cimiento.
En la Academia Mexicana de Geopolítica y Estadística aprendimos a pensar el mundo sin perder el piso. Allí, entre mapas, cifras y extensas charlas, nos ayudaron a quitarnos el polvo del camino para mirarnos de frente; a entender de dónde venimos, cuánto valemos y por qué nuestra historia importa.
No nos vieron como meros testigos del pasado, sino como los hilos vivos que tejen el presente: la historia misma encarnada en la cotidianidad diáfana de estas dos naciones.
Nos queda su huella, firme y tranquila, y la certeza de que su trabajo ya es parte de la tierra que pisamos. Buen viaje, Maestro. Su ejemplo se queda aquí, guardado en el corazón de su gente.

Residente en California, egresada de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros (BENM), Generación 100. Maestra PROBEM -USA, México España. Maestra 2004 por el College DuPage. Educación para Adultos, Illinois. Educación Migrante en USA.

