El cielo y la tierra: el eclipse que no se veía desde hace un siglo
El 12 de agosto de 2026, la Península Ibérica presenció un eclipse solar total cuya franja de totalidad cruzó España de oeste a este, un fenómeno de tal magnitud que no se observaba con tanta nitidez desde hacía más de un siglo.
Durante unos minutos, la Luna se interpuso entre el Sol y la Tierra, bloqueando su luz y sumiendo el paisaje en una insólita penumbra. Este espectáculo único, aguardado tanto por astrónomos como por el público general, congregó a multitudes en playas, ciudades y azoteas de España; entre vítores, aplausos y anteojos especiales, la población disfrutó con entusiasmo de la oscuridad en las últimas horas de un día caluroso.
Sin embargo, los eclipses no solo ocurren en el firmamento; se replican diariamente en los medios de comunicación. Estos suceden cuando la opacidad de los intereses particulares se interpone entre el sol de la verdad y la ciudadanía.
Dicha sombra es proyectada por corporaciones mediáticas, redes de poder y oligarquías que se protegen a sí mismas. Es crucial comprender que estos apagones informativos se diseñan de forma deliberada con el único objetivo de mantenernos a oscuras. Personalmente, al observar este fenómeno desde Europa, da la impresión de que la sociedad, con una cañita, una musiquita y aplausos, prefiere —o parece preferir— habitar en esa penumbra.
Cabe destacar que no todas las personas que salieron a disfrutar del momento disponían de lentes especiales para observar el fenómeno de forma segura; sin ellos, la advertencia era clara: mirar directamente al Sol quema las retinas. Del mismo modo, se comprende que los medios masivos impidan contemplar la verdad sin filtros, pues su crudeza impactaría tanto que la conciencia difícilmente podría soportarla: hambre, pedofilia, guerras prefabricadas, explotación, saqueo, crímenes de lesa humanidad, negocios oscuros de las élites financieras y políticas, intervenciones, operaciones encubiertas, ocupaciones, genocidios y esclavitud.
Para querer y poder ver la verdad, se necesitan lentes especiales y esos lentes son los medios alternativos, independientes, solidarios, libres. Se necesita periodismo de investigación, colectivos que informen sin miedo, analistas, estudiosos de la historia verificada y sin filtros en todo el mundo que lamentablemente está dominado por los medios masivos de desinformación.
Con esos lentes, la verdad sí que quema pero se ve con claridad. Una vez que la ves, ya no puedes volver la mirada hacia otro lado, y de manera natural puedes volverte una actriz o un actor más para cambiarla.
Para comprender el funcionamiento de este eclipse mediático, basta con analizar el caso de Jeffrey Epstein, el financiero estadounidense que operó una red de tráfico sexual de menores durante décadas.
Es evidente que contó con el respaldo de una estructura de complicidad que incluía a miembros de la realeza británica, expresidentes, senadores, empresarios y científicos de renombre; curiosamente, en dicha red no figura ni un solo militante de la supuesta «amenaza socialista o comunista».
El caso Epstein constituye la prueba documentada de un sistema de impunidad global diseñado para proteger a los sectores más poderosos del orden capitalista.
Los nombres que aparecen y los que no aparecen
La filtración de los documentos judiciales ha sido un goteo constante de verdades a medias que, no obstante, ha expuesto nombres que deberían estar bajo el escrutinio público.
Hallar a algunos de ellos no resulta sorprendente: Bill Clinton, Donald Trump, el príncipe Andrés de Inglaterra, el exgobernador Bill Richardson, el senador George Mitchell, el exsecretario de Estado Henry Kissinger y el físico Stephen Hawking.
Todos estos —y muchos otros ilustres personajes— figuran en los archivos; unos pocos como víctimas, pero la mayoría como asistentes a fiestas, contactos, testigos o cómplices de una red que lo sabía todo y prefirió callar.
Sin embargo, lo más revelador no es quiénes aparecen en los documentos, sino quiénes no están. Aquéllos que han logrado mantenerse al margen del foco público han usado su poder para borrar sus nombres de la historia, amparados por un sistema de impunidad deliberado que la prensa corrompida sostiene a más no poder.
En Estados Unidos, la prensa publicó docenas de artículos sobre el caso. The New York Times y The Washington Post a duras penas pusieron uno en primera plana. NBC News y Fox News publicaron más de 150 artículos. Pero, como nos consta, —luego de verificar distintas fuentes—, ninguno usó términos legales precisos como «violación infantil” o «trata sexual».
La periodista Carole Cadwalladr denunció que las portadas de los principales diarios ignoraron deliberadamente la gravedad de la historia de Epstein. Asimismo, cabe recordar el caso de la corresponsal Sharyn Alfonsi, despedida del programa 60 Minutes tras una disputa editorial sobre un reportaje de Epstein que CBS News decidió censurar. Finalmente, es preciso reconocer al senador Ron Wyden, quien fue prácticamente el único líder político en denunciar el tema de manera pública.
Los médias-mensonges: dueños de la prensa, dueños de la verdad
En francés existe una expresión que describe a la perfección este fenómeno: médias-mensonges —medios de mentiras—. El periodista belga Michel Collon acuñó el término para detallar cómo los grandes consorcios manipulan la información al servicio del poder: la prensa construye un universo paralelo donde la verdad es una mercancía que se transacciona, pero que, en la mayoría de los casos, se oculta.
¿Quiénes son los dueños de estos médias-mensonges? Francia cuenta con Bernard Arnault, el hombre más rico de Europa y líder del imperio LVMH, quien controla desde la firma Givenchy hasta los diarios Les Échos y Paris Match.
México tiene a Ricardo Salinas Pliego, quien utiliza su conglomerado mediático, TV Azteca, para evadir impuestos; la propia presidenta Claudia Sheinbaum lo ha denunciado públicamente por incitar a la violencia y buscar desestabilizar al país.
Por su parte, el mundo anglosajón es dominado por Rupert Murdoch, el magnate australiano propietario de Fox News, The Times, The Sun y The Wall Street Journal; incluso The New York Times lo describió como «el hombre que desestabilizó la democracia en tres continentes».
Éstos son los dueños de la luna que eclipsa al sol; apenas unos ejemplos de quienes deciden qué se publica y qué se silencia. Ellos son los responsables de degradar la información a un mero espectáculo de entretenimiento y, sobre todo, de instrumentalizar el miedo a las demandas por difamación como un escudo institucional para frenar cualquier investigación contra los poderosos. En definitiva, estos manipuladores profesionales eligen la complicidad y, a mi juicio, son quienes deberían estar en prisión.
El caso Epstein es el capítulo más reciente de una larga historia de complicidades entre el poder y la prensa, pero en realidad a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, los grandes medios han sido utilizados como herramientas de guerra, de desestabilización y de encubrimiento.
Irak: la mentira que costó diez mil vidas
El año 2003 marcó un punto de inflexión pues la prensa estadunidense y británica repitió al unísono la mentira de las armas de destrucción masiva en Irak y fue el 5 de febrero de ese año cuando Colin Powell se presentó ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y solamente mostró un frasco de polvo blanco y un discurso lleno de supuestas pruebas que justificaban la invasión y la prensa repitió la mentira sin cuestionarla.
Nadie puede olvidar que la guerra inventada dejó más de 100 000 muertos iraquíes. Lamentablemente la mentira se descubrió muchos años después pero los responsables nunca pagaron.
La década de 1970 trajo otro capítulo oscuro con la caída de Salvador Allende en Chile y la fecha exacta fue el 11 de septiembre de 1973; el gobierno democrático fue derrocado por un golpe militar encabezado por Augusto Pinochet.
La Central de Inteligencia Americana (CIA, por sus siglas en inglés) había infiltrado y comprado a periodistas y ejecutivos de medios chilenos. El organismo de espionaje norteamericano financió publicaciones como el Diario Tribuna o la revista Sepa para crear una ficción de «libertad de prensa» en medio de una guerra mediática.
La prensa fue parte activa en la creación de un clima de caos e inestabilidad que preparó el terreno para el golpe; esta guerra dejó más de 3 000 muertos, 1 200 desaparecidos y 30 000 torturados; una década antes, en 1954, la United Fruit Company y la CIA derrocaron a Jacobo Árbenz en Guatemala.
Recordemos que la empresa bananera tenía el monopolio de la exportación de frutas en Centroamérica y la reforma agraria de Árbenz amenazaba sus intereses; inmediatamente después, la prensa estadunidense construyó la imagen de Árbenz de «comunista» y «amenaza soviética»; todo era mentira y el derrocamiento dejó más de 100 000 muertos y décadas de violencia.
En el cono sur de América Latina también hay una historia de complicidad con la prensa: durante la dictadura militar argentina (1976-1983), los grandes medios jugaron un rol fundamental como aparato de acción psicológica y encubrimiento.
Por ejemplo, la revista Para Ti publicó en 1979 una «entrevista» a una mujer que estaba secuestrada en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA). La presentaron como una «madre arrepentida» de su hijo desaparecido y así los medios crearon una fachada de normalidad durante el Mundial de futbol realizado en Argentina en 1978. También mintieron sobre la guerra de las Malvinas.
En 2011, la intervención de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Libia derrocó a Muamar Gadafi quien había gobernado el país durante 42 años. La cobertura mediática presentó la guerra como una «misión humanitaria» para proteger a la población civil. Hoy todos sabemos que detrás de la intervención había intereses financieros y lo sabemos pues ya hay documentos desclasificados que lo revelan.
La trama del oro y los Archivos Epstein
Los Archivos Epstein contienen pruebas de un plan para apoderarse de los fondos del Estado libio congelados en Occidente. Según un correo electrónico se tenía que localizar y reclamar activos por un valor aproximado de 80 mil millones de dólares. De esa cifra, 32 400 millones estaban en Estados Unidos; el propio mensaje sugería que el valor real podía multiplicarse por tres o cuatro.
Bajo la lógica del imperio, resultaba imperativo etiquetar dichos fondos como «robados» o «malversados» para, posteriormente, activar litigios en tribunales occidentales y transformar el expolio en una sofisticada operación financiera con honorarios de éxito.
Los documentos revelan que antiguos agentes del MI6 británico y del Mossad israelí se mostraron dispuestos a colaborar en la identificación y recuperación de tales activos. Hoy, el destino del oro de Libia es una incógnita sobre la cual la prensa guarda un silencio absoluto.
Se sabe que, en los últimos días de su régimen, Muamar el Gadafi vendió 29 toneladas de oro de las reservas del Banco Central —lo que equivalía a 20 % del total— para obtener mil 400 millones de dólares; poco después fue asesinado y, desde entonces, se perdió el rastro tanto del metal como del dinero.
El eclipse del 12 de agosto: una metáfora de lo que vivimos a diario
La imagen que acompaña este artículo es una crítica gráfica perfecta. Muestra un eclipse donde el «Sol» es un tema caliente para la derecha política, los archivos de Epstein. La «Luna» son los grandes medios de comunicación que tapan la verdad. La «Tierra» es la ciudadanía que queda a oscuras, esa imagen podría aplicarse a cualquier país: España, México, Francia, Estados Unidos.
En España, la derecha mediática ha construido una realidad paralela, siempre presenta al gobierno de Pedro Sánchez como un régimen «dictatorial» y a la oposición como víctima de un supuesto lawfare que no existe, es muy notorio que Telemadrid, ABC y La Razón han convertido la mentira en una industria, aunque en realidad, ya es muy poca gente la que les cree.
En México, la prensa de Ricardo Salinas Pliego ha sido una máquina de desinformación, a diario y por medio de bots, acusa a Claudia Sheinbaum de presidir un «narco-gobierno» y de «autoritarismo», sin pruebas.
Los eclipses mediáticos no son eventos aislados. Ocurren varias veces al día. Son las mentiras, las medias verdades, los silencios cómplices que la oligarquía usa para mantenernos en la oscuridad. Su propósito es que no leamos a los grandes teóricos, que no desarrollemos una conciencia de clase y que aceptemos guerras, abusos y explotación como si fuera el orden natural de las cosas.
Los medios alternativos: la luz que se abre paso en el eclipse
Frente al sistema de los médias-mensonges, los medios alternativos se han consolidado como una herramienta indispensable para la ciudadanía. Periodistas independientes, colectivos de comunicación, radios comunitarias y plataformas digitales —entre las que destaca Enlace Mexamérica— constituyen hoy la trinchera desde la cual se combate la desinformación.
Estos espacios, impulsados por la convicción de que informar es liberar, se erigen como pequeños destellos de luz capaces de romper la penumbra del eclipse.
En este escenario, cada ciudadano asume la responsabilidad de verificar la información y buscar profesionales que ejerzan el periodismo con rigor. Mantenerse actualizado es un acto de compromiso social; la ciudadanía debe adoptar una postura crítica frente a la historia y cuestionar los relatos oficiales aprendidos en la juventud.
Descubrir la verdad exige esfuerzo y curiosidad; de ahí la relevancia de apoyar las iniciativas de colectivos y comunicadores en México, Estados Unidos, Europa y América Latina.
Saber que el entorno informativo está eclipsado no justifica la apatía, ni valida la defensa de un modelo capitalista sustentado en el saqueo, la extracción desmedida, la piratería corporativa, el encubrimiento y la intervención militar.
La historia demuestra que el capitalismo no genera prosperidad universal; por el contrario, perpetúa la acumulación de riqueza para unos pocos a costa de la mayoría de la gente. El caso Epstein, la invasión de Irak, el expolio de Libia, los golpes de Estado en América Latina y el saqueo de África son solo capítulos de un mismo libro de sometimiento global.
A pesar de este panorama, no podemos rendirnos: la luz siempre vuelve. El eclipse es temporal y la verdad terminará por abrirse paso. Nosotros, desde nuestras modestas trincheras de comunicación independiente, tenemos el deber ético de formar parte de este despertar colectivo.

Colaboradora de Enlace Mexamerica. Licenciada en Relaciones Internacionales, licenciada en Economía, Maestra en estudios sustentables regionales y metropolitanos.
Promotora de la Cuarta Transformación y del Humanismo Mexicano más allá de las fronteras de mi querida patria.
Miembro de una familia binacional con muchos motivos de orgullo de ser mexicana.

