Dos versiones, una sola guerra: el abismo insalvable entre Lavrov y Zelenski en la ONU

Lavrov y Zelensky en la ONU: dos relatos sobre el origen de la guerra en Ucrania

El diplomático de carrera, y el líder militar en tiempos de crisis compartieron el mismo escenario institucional el mismo día, sin embargo hablaban desde universos paralelos. En la sede de las Naciones Unidas, la diplomacia global presenció un choque frontal de relatos que sintetiza la imposibilidad de un entendimiento cercano, pues mientras el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, tomó la palabra ante el Consejo de Seguridad, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, se dirigía al pleno de la Asamblea General. Los discursos de ambos políticos exponen dos lecturas irreconciliables sobre los mismos hitos de la historia reciente: la crisis del Euromaidán en 2014, la validez de los acuerdos de Minsk, los frustrados diálogos de Estambul y la responsabilidad histórica de la guerra.

La reconstrucción de los hechos que plantea Moscú encuentra su piedra angular en lo sucedido en Kiev en febrero de 2014. Para Serguéi Lavrov, la tragedia actual no comenzó con la intervención militar de 2022, sino con la intromisión de las potencias europeas durante las protestas del Euromaidán. El canciller ruso inició su intervención dirigiendo un irónico agradecimiento a los diplomáticos occidentales, a quienes acusó de forzar a Ucrania a una falsa disyuntiva entre Europa y Rusia.

Según el relato de Lavrov, el hito definitorio fue la firma del acuerdo del 21 de febrero de 2014. Aquel documento, suscrito por el gobierno ucraniano legítimo y la oposición con las garantías explícitas de Alemania, Francia y Polonia, estipulaba la creación de un gobierno de unidad nacional, la celebración de elecciones anticipadas y la renuncia absoluta a la violencia. Sin embargo, denunció que esa misma noche la oposición ignoró lo pactado, tomó las sedes gubernamentales e instauró un “gobierno de vencedores”.

Lavrov recriminó que los garantes europeos no sólo omitieron exigir el cumplimiento del tratado registrado en la ONU, sino que reconocieron de inmediato a las autoridades insurgentes, demostrando —en sus palabras— el instinto de recurrir a la mentira. Para el canciller ruso, la persecución del idioma ruso impulsada por el nuevo régimen fue el detonante de la resistencia en Crimea y el Donbás, desencadenando la respuesta militar de Kiev y el posterior referéndum de reunificación con Rusia.

En su argumentación, Lavrov otorgó un papel central a la frustración de los acuerdos de Minsk de 2015. Recordó que el plan fue ratificado de manera unánime mediante la Resolución 2202 del Consejo de Seguridad, haciendo obligatorio su cumplimiento. No obstante, acusó al expresidente Petró Poroshenko y a sus sucesores de sabotear la vía diplomática con la complicidad de París y Berlín. Citando declaraciones posteriores de Angela Merkel y François Hollande, Lavrov afirmó que Occidente admitió públicamente que los acuerdos nunca se diseñaron para la paz, sino para “ganar tiempo y armar a Ucrania hasta los dientes”. Esta simulación diplomática, agregó, se mantuvo incluso en la cumbre de París de 2019 con Zelenski.

Respecto al intento más reciente de resolución, Lavrov sostuvo que en las negociaciones de Estambul de 2022 se alcanzó a rubricar un borrador de acuerdo basado en la neutralidad ucraniana y el reconocimiento de las realidades territoriales. Sin embargo, aseveró que el entonces primer ministro británico, Boris Johnson, con el respaldo europeo, prohibió a Kiev firmar el pacto y ordenó continuar la conflagración en el campo de batalla.

La guerra, la emanación de la voluntad de un único hombre; Zelenski

Desde el podio de la Asamblea General, la perspectiva expuesta por Volodímir Zelensky ofreció un contraste tajante. El presidente ucraniano desestimó los agravios históricos argumentados por Moscú y articuló su discurso en torno a la responsabilidad directa del liderazgo ruso, calificando a Vladimir Putin como el “paciente cero” de la conflagración. Para Zelensky, la guerra es la emanación de la voluntad de un único hombre que propaga la inestabilidad y el dolor a escala global.

Frente a la postura diplomática rusa, Zelensky presentó un desglose detallado del impacto humano y técnico de la contienda. Detalló que entre enero y agosto de 2026, las fuerzas rusas sufrieron 248.964 bajas entre muertos y heridos graves, una cifra que superó a la población total de 21 naciones del mundo en solamente ocho meses. Resaltó además la desproporción de los avances territoriales, señalando que las tropas rusas solo lograron capturar poco más de 1 000 kilómetros cuadrados en ese periodo, mientras la resistencia ucraniana recuperaba sectores clave.

En el plano tecnológico y defensivo, Zelensky denunció la intensidad del acoso aéreo ruso mediante la detonación de más de 63 000 drones de ataque en ocho meses, incluyendo más de 7 700 artefactos de reacción tipo “Shahid” dirigidos de forma ininterrumpida contra la población civil e infraestructura crítica. Ante esta amenaza, el mandatario destacó el desarrollo de cuatro nuevos drones interceptores con propulsión a reacción y el despliegue del programa antimisiles “Freya”, que cuenta con la cooperación de diez países.

Zelensky extendió su advertencia a los delegados de 47 naciones —mencionando explícitamente a ciudadanos de Ghana, Nepal, India, Cuba, Sudán y Sudáfrica, entre otros— denunciando que sus connacionales son reclutados por Rusia como fuerza de maniobra. Alertó a dichos gobiernos a proteger a sus ciudadanos para evitar que sean arrastrados al conflicto. Asimismo, lanzó un llamado de urgencia sobre el uso militar de la inteligencia artificial, advirtiendo que a partir del próximo año los sistemas autónomos podrían tomar decisiones directas de vida o muerte en el frente, lo que exige alcanzar la paz antes de rebasar ese umbral.

Mientras ambas visiones chocaban en Nueva York, la diplomacia internacional reflejó la complejidad geopolítica del conflicto. México optó por abstenerse de respaldar la declaración impulsada por la Unión Europea, Francia y Ucrania en la votación del 23 de septiembre, en la que 51 países exigían un alto al fuego incondicional a Rusia. Al mantener su doctrina constitucional de no intervención y neutralidad activa, el gobierno mexicano reiteró su decisión de sostener relaciones diplomáticas con las partes y rechazar la imposición de sanciones unilaterales.

Las intervenciones de Lavrov y Zelensky dejan al descubierto dos visiones irreconciliables de un mismo conflicto. Para la diplomacia rusa, la causa de la contienda radica en la ruptura institucional de 2014 en Kiev y el incumplimiento de los compromisos internacionales de Occidente. Para la Presidencia ucraniana, la guerra representa una agresión imperialista unipersonal que amenaza la estabilidad tecnológica y geopolítica mundial. Ambos discursos se mantienen como testimonio de un diferendo histórico cuya resolución continúa esquiva en el terreno diplomático.