El fantasma del Tercer Reich: la AfD a un paso de gobernar un estado alemán

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Un triunfo que sacude los cimientos de la posguerra

El domingo 6 de septiembre de 2026, el partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) logró un resultado que ningún partido de extrema derecha había conseguido en Alemania desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. En las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, la formación obtuvo el 43,8 por ciento de los votos, más del doble del 20,8 por ciento que había conseguido en 2021. Con 39 de los 83 escaños del parlamento regional, la AfD se quedó a solo tres escaños de la mayoría absoluta.

La participación alcanzó el 77,8 por ciento, la más alta en el estado desde la reunificación alemana. Los conservadores de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el partido del canciller Friedrich Merz, se desplomaron hasta el 17,2 por ciento, perdiendo más de la mitad de los votos que obtuvieron en 2021, cuando alcanzaron el 37,1 por ciento.- El Partido Socialdemócrata (SPD) quedó tercero con un 9,3 por ciento, Los Verdes con un 8,9 por ciento y La Izquierda con un 8,6 por ciento.

El candidato principal de la AfD, Ulrich Siegmund, celebró el resultado en televisión pública: “Hemos hecho historia en este país”. Su compañera de partido, Alice Weidel, fue más lejos y exigió elecciones federales anticipadas “antes de Navidad”, mientras que el colíder Tino Chrupalla auguró que “2029 será un año electoral decisivo… y entonces gobernaremos Alemania”.

La ira como combustible político

El ascenso de la AfD responde a una ola de descontento que atraviesa las sociedades occidentales desde hace años. Este fenómeno tiene paralelismos con el Brexit, la elección de Donald Trump, la llegada de Giorgia Meloni en Italia y el auge de fuerzas de ultraderecha en toda Europa. El común denominador de todos estos movimientos es la insatisfacción, el malestar y la ira de importantes segmentos de las sociedades occidentales que se sienten marginados e insatisfechos con el funcionamiento del sistema.

Hasta 1989, la ira la encabezaban los movimientos de izquierda, sobre todo los comunistas. Pero en los últimos años, ese descontento ha sido capitalizado por la ultraderecha. El rechazo al sistema ha llevado a la ciudadanía a buscar soluciones fuera de las opciones políticas tradicionales, que han sido identificadas con el establishment.

Un estudio del Instituto de Investigación Económica de Berlín (DIW) publicado antes de las elecciones señala que los factores demográficos son clave para explicar el momento que atraviesa la AfD. Las regiones del este de Alemania, que han sufrido una fuerte pérdida de población desde la reunificación, son el caldo de cultivo perfecto para el discurso ultraderechista. El resentimiento hacia el sistema político y la sensación de abandono por parte de las élites de Berlín han encontrado en la AfD un canal de expresión.

Las raíces ideológicas de la AfD: del nazismo a la “remigración”

La Agencia de Inteligencia Interior de Alemania ha clasificado a la rama regional de la AfD como una organización extremista de derecha probada. Sus postulados principales se basan en una comprensión étnica y racista de la identidad nacional, incompatible con el orden constitucional democrático. La AfD ha desarrollado una estrategia de propaganda que recurre abiertamente a la iconografía y el lenguaje del nacionalsocialismo. En Baviera, el partido circuló un cartel que evocaba conscientemente la imaginería antibolchevique nazi.

El concepto central de la campaña de la AfD es la “remigración”, una teoría conspirativa que sostiene que existe un plan para reemplazar a la población alemana con inmigrantes. Este término hunde sus raíces en el concepto nazi de “Umvolkung”: la transformación racial del pueblo alemán mediante la mezcla con poblaciones “inferiores” y ha sido el eje de su movilización política. La AfD ha llevado esta estrategia al terreno digital con una plataforma propia de inteligencia artificial llamada “Alternita Studio”, que genera contenido de propaganda de manera automatizada y a medida. Una investigación del medio Correctiv reveló que las plantillas de contenido de esta plataforma provenían de una publicación neonazi.

El programa de gobierno: fronteras cerradas y deportaciones masivas

Alice Weidel enumeró las medidas fundamentales del programa de la AfD: “atajar el exceso de gasto, controlar nuestras fronteras, deportar a todos los extranjeros, a todos los criminales, vamos a cerrar la frontera”. Considera que en los últimos años Alemania se ha “arruinado” y responsabiliza de ello a Angela Merkel y a Friedrich Merz.

El partido planea impulsar a las escuelas e instituciones culturales hacia valores más tradicionales. Ha propuesto que los hijos de los refugiados sean ubicados en clases separadas para evitar lo que el partido afirma que son “tensiones” derivadas del contacto con diferentes culturas, y que los niños con discapacidades sean enviados a escuelas especiales. También se prohibiría a las escuelas izar banderas arcoíris, y el gobierno agotaría “todas las vías legales” para limitar la expresión islámica. En política exterior, la AfD busca restablecer los lazos con Rusia, mientras la mayor parte de Europa se une en torno a Ucrania. Este alineamiento con Moscú ha generado preocupación en el resto del continente.

El vacío de poder y la crisis de la CDU

El resultado electoral ha dejado un panorama de incertidumbre política en Sajonia-Anhalt. Los partidos tradicionales han mantenido su negativa a formar coalición con la AfD. Sin embargo, la aritmética parlamentaria ofrece pocas alternativas claras. Una coalición de CDU, SPD y Verdes sumaría 31 escaños; añadiendo a La Izquierda llegarían a 39, todavía por debajo de los 42 necesarios para la mayoría.

La Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), una escisión antiinmigración de La Izquierda que entró al parlamento con un 5,3 por ciento, podría dar su apoyo a la AfD en función de los asuntos que se traten. La BSW ha admitido tener “muchos puntos en común” con Alternativa para Alemania. En una tercera votación para elegir al ministro-presidente, solo se requiere una mayoría simple. Esta situación abre la puerta a que la AfD pueda gobernar con el apoyo puntual de la BSW.

Mientras tanto, el canciller Merz enfrenta la peor crisis de su mandato. Su popularidad se ha desplomado hasta mínimos históricos: solo el 13 por ciento de los alemanes está satisfecho con su trabajo, mientras que el 83 por ciento lo evalúa negativamente. En un ranking de popularidad, Merz ocupa el último lugar entre 20 políticos. El economista Jeffrey Sachs atribuye este desplome a su postura belicista y a la “situación terrible” de la economía alemana. Weidel ya ha augurado que la CDU “también barajará sustituir al canciller”.

Un espejismo en el espejo de la historia

El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler fue nombrado canciller de Alemania. Llegó al poder por invitación de las élites conservadoras que creían poder controlarlo. Casi un siglo después, la ultraderecha alemana está a tres escaños de gobernar un estado federado por primera vez desde entonces. La diferencia histórica es que ahora llega a través de las urnas, con el 44 por ciento de los votos de una región.

Las fuerzas democráticas han establecido un cordón sanitario y jurado no gobernar con la AfD. Sin embargo, esta barrera se ha erosionado en toda Europa: en Italia, en Suecia, en Finlandia. En Alemania, el muro que separa a la democracia de la extrema derecha se está agrietando. La cuestión que se plantea es si la AfD gobernará Sajonia-Anhalt en los próximos meses ¿los demás partidos seguirán llamándola “extremista” o terminarán aceptando su legitimidad, como ya sucedió en otros países?

Lo que está en juego incluye el gobierno de un estado alemán y también la memoria de lo que sucedió cuando la ultraderecha dejó de ser una amenaza y se convirtió en una opción de gobierno. Esa historia ya fue escrita una vez. Europa debería recordarla antes de que alguien decida reescribirla.