No sé si vamos a ser campeones.
Pero ya nos regalaron algo que hace muchísimo no teníamos.
Un país sonriendo al mismo tiempo.
Volvimos a abrazar desconocidos.
Volvimos a cantar el Himno con un nudo en la garganta.
Volvimos a gritar un gol hasta quedarnos sin voz.
Y por un ratito dejamos de cargar el peso de un país que lleva mucho tiempo cansado y sufriendo.
México ha vivido momentos difíciles.
Lo sabemos y nada cambia.
Los vivimos todos los días.
Pero esta Selección nos recordó algo que habíamos olvidado:
Que todavía somos capaces de ilusionarnos.
Llegamos invictos.
Nadie nos ha metido un gol.
Y por primera vez en mucho tiempo, millones de mexicanos nos vamos a dormir pensando exactamente lo mismo:
¿Y si sí?
¿Y si este es el año?
¿Y si la historia cambia?
Gracias, Selección.
No sólo por los resultados.
Gracias por devolvernos la esperanza.
Porque la esperanza también se entrena.
También se contagia.
Y ustedes lograron que un país entero volviera a creer.
No sé cuánto dure este Mundial.
Sólo sé que, cuando termine, voy a extrañar esta versión de México.
La que canta.
La que abraza.
La que sueña.
La que recuerda que, cuando juega un solo equipo, late un solo corazón.
Que nadie nos despierte.
Déjennos seguir soñando.
Porque a veces los países también necesitan creer en los imposibles.

