Por si hubiera alguna duda, está claro que los gobiernos de derecha, en este caso del estado de Chihuahua, están dispuestos a ceder nuestra soberanía nacional, como lo demuestra el hecho de que dos oficiales instructores de la embajada de Estados Unidos en México, fallecieron luego de que se realizó un operativo para desmantelar seis laboratorios de producción de drogas sintéticas presuntamente pertenecientes al cártel de Sinaloa, en el municipio de Morelos en la sierra Tarahumara.
Desafortunadamente, ambos miembros de dicha embajada, junto con el director general de la Agencia Estatal de Investigación de Chihuahua, Pedro Román Oseguera Cervantes, y el policía ministerial Manuel Genaro Méndez Montes perdieron la vida cuando el vehículo en que se trasladaban cayó a un barranco. Por supuesto, siempre será lamentable que haya pérdidas de vida, más cuando se trata de operativos en contra del narcotráfico.
Sin embargo, en este caso la presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que el gobierno federal no tenía ninguna información sobre lo que hacían los agentes estadounidenses en el operativo antes mencionado, y sobre todo manifestó su sorpresa, ya que, hasta la fecha, lo que se ha planteado al gobierno estadounidense es que haya colaboración y coordinación, pero ni por asomo, se han propuesto operaciones conjuntas.
Al preguntársele en la conferencia del pueblo sobre el hecho a la presidenta Sheinbaum, particularmente sobre la presunta participación de los agentes de la embajada estadounidense, la mandataria fue enfática:
“No estábamos enterados, fue una decisión del gobierno de Chihuahua, estamos pidiendo más información al gobierno de Chihuahua. Independientemente de cualquier situación, lamentamos este accidente, tienen toda la solidaridad y apoyo del gobierno de México y estamos en contacto con embajada de Estados Unidos. Lo segundo, es que no tuvimos conocimiento de que hubiera un trabajo directo entre el estado de Chihuahua y personal de la embajada de los Estados Unidos en México”.
La presidenta mencionó que se está revisando si hay alguna violación a la Ley de Seguridad Nacional, porque está claro que con el gobierno de Estados Unidos hay intercambio de información de inteligencia, lo cual se agradece, porque con este apoyo se han logrado dar fuertes golpes a la delincuencia organizada, pero se ha dejado muy claro al presidente Donald Trump que es inaceptable cualquier incursión militar de esa nación en nuestro territorio, porque sería violatorio a nuestra soberanía nacional.
Pero al parecer, esto no le queda claro a la gobernadora chihuahuense Maru Campos, que sin el mayor rubor, permitió la participación de los dos agentes de la embajada estadounidense en el multicitado operativo en la sierra Tarahumara. La mandataria estatal, es fiel a la filosofía calderonista que permitió que agentes de la DEA y la CIA transitaran como Juan por su casa en nuestro territorio, sin que ello haya traído algún beneficio para nuestro país en el combate al narcotráfico.
Por el contrario, no sólo se trasgredió impunemente nuestra soberanía nacional, sino que los activos estadounidenses fueron testigos silenciosos y hasta cómplices de la guerra que inició Felipe Calderón en contra de la delincuencia organizada, cuyo fracaso se sintetiza en las acusaciones posteriores en su contra y que hoy mantienen en una cárcel de Estados Unidos a Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública durante el sexenio del ex presidente de extracción panista.
La presencia de los agentes norteamericanos en operativos que sólo competen a autoridades mexicanas representan una incursión ilegal que obligan al gobierno de Chihuahua a rendir cuentas sobre esta violación a nuestra soberanía, principio, hay que decirlo, a los gobiernos panistas los tiene sin cuidado y poco les importa, porque durante sus gobiernos, el de Calderón y Vicente Fox, se empeñaron en rematar nuestros recursos naturales al mejor postor, es decir, a aquellos que veían en la explotación de dichos recursos un gran negocio, sin que ello significara algún beneficio para el pueblo de México.
Los gobiernos panistas, siempre dóciles a los designios del imperialismo yanqui, no entienden que el respeto de nuestra soberanía está por encima de todo, por eso poco les importó desmantelar, junto con el gobierno priista de Peña Nieto, a Pemex y la CFE, porque siempre vieron en las importaciones de gasolina y gas, un jugoso negocio, de tal manera que bajo el pretexto de que nos salía más barato importar que invertir en la modernización de nuestra industria petrolera y eléctrica, estaban dejando morir por inanición a estas dos paraestatales pilares del desarrollo nacional, acentuándose con ello nuestra dependencia energética, particularmente con Estados Unidos.
Llama la atención como ahora critican que los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum, por su compromiso por rescatar y defender a ambas empresas paraestatales para recobrar su categoría de estratégicas para el desarrollo nacional, de tal modo que lo que panistas y priistas, junto con la comentocracia ven como un barril sin fondo, la Cuarta Transformación lo ve como una oportunidad.
Está claro que para los gobiernos de la 4T la defensa de la soberanía nacional no es solo una postura diplomática, sino el eje central de su proyecto de nación. Este concepto se articula principalmente a través de tres vertientes, como lo explica la propia presidenta Sheinbaum: la autosuficiencia energética, el control de los recursos naturales y la autodeterminación política.
En el caso de la autosuficiencia energética, la 4T sostiene que un país que no controla su energía no es verdaderamente libre. Bajo esta lógica, se busca fortalecer a empresas estatales como PEMEX y la CFE porque se entendió que la Seguridad Nacional, tiene que ver con evitar la dependencia de combustibles importados, específicamente de Estados Unidos.
Algo que no logran entender los prianistas es que la autodeterminación y la política exterior tienen que ver con la defensa de la soberanía, lo que se traduce en la aplicación estricta de los principios constitucionales de política exterior, donde se pone énfasis en la no intervención, de ahí el rechazo a que organismos internacionales o gobiernos extranjeros influyan en las decisiones internas de México.
De igual forma, para los prianistas y comentocracia que los acompaña, parece que les suena hueco esto de la autodeterminación de los pueblos, es decir, la convicción de la 4T de que solo los mexicanos deben decidir su sistema político y social, por lo que se han asumido posturas críticas hacia la injerencia externa en asuntos de seguridad pública, donde se ha dejado muy claro el rechazo a la incursión de fuerzas militares en territorio nacional, pero de acuerdo al proceder de la gobernadora panista Maru Campos, parece que a la derecha este principio de soberanía se la pasan por el arco del triunfo.
Por el contrario, para la 4T y particularmente para la presidenta Claudia Sheinbaum, la soberanía reside esencial y originariamente en el pueblo, bajo esta premisa, el principio de defender la soberanía es, en última instancia, defender la capacidad del pueblo para decidir su propio destino sin presiones externas, ya sean políticas, económicas o comerciales.

Periodista considerado obrero de la tecla, identificado con la izquierda mexicana y apoyador de la 4T

