Argentina en peligro de extinción y sin conducción política de la protesta

Aunque no deje de sorprendernos el nivel de desconexión con la realidad que demuestra el presidente ultraderechista de Argentina, Javier Milei, su última aparición mediática en vivo ha dejado asombrados a todos. En una serie de explosivas exposiciones ante streamers oficialistas, Milei lanzó insultos, habló de golpes, avaló agresiones contra docentes y periodistas, y atacó frontalmente a Venezuela, al plantear sin rubor que durante su gestión «dejaron de entrar espías cubanos».

A este desequilibrado panorama se suma el aval presidencial a las insólitas declaraciones de su subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez. Este funcionario afirmó públicamente que el cierre de aulas y jardines de infantes se relaciona con el apoyo de los gremios docentes al aborto legal. Una provocación inaceptable que ocurre en medio de la mayor movilización universitaria de la época: una marcha federal que concentró a cientos de miles de estudiantes, profesores y familias que reclaman el cumplimiento de la ley de financiamiento votada por el Congreso, vetada por el Ejecutivo, vuelta a votar por el Legislativo y ratificada por órdenes judiciales que Milei y su equipo de mafiosos desoyen sistemáticamente.

Indudablemente, este gobierno compuesto por diputados terraplanistas, antivacunas, defensores de la dictadura militar y corruptos —una mezcla real de psicópatas e incultos— es exactamente lo que los fondos de inversión que controlan la Casa Blanca necesitaban para que se entregue el país en tan poco tiempo. Estamos ante un programa planificado desde el exterior. Primero, apoyaron y vaciaron de contenido a los sectores del peronismo-kirchnerismo más débiles o serviles a los Estados Unidos. Luego, impulsaron candidaturas funcionales, que llevaron al triunfo de un desequilibrado que reporta directamente a la embajada norteamericana debido a los flagrantes errores tácticos de la campaña progresista.

Hoy, las encuestas muestran a un gobierno con el mayor índice de desaprobación de toda su gestión, habiendo perdido el apoyo que le dieron las urnas. Los hechos de corrupción presidencial quedan eclipsados por los de su jefe de gabinete, quien no puede justificar erogaciones de casi un millón de dólares durante estos dos años con el simple sueldo de un funcionario. Mientras tanto, el ajuste destruye el futuro: cierran proyectos científicos estratégicos, como el desarrollo de la vacuna contra el mal de Chagas, que requería apenas 250 mil dólares para finalizarse y resolver una enfermedad endémica que azota al norte del país.

La entrega del patrimonio nacional continúa por decreto a través de recortes en educación, salud e investigación. Para conseguir los dólares necesarios para mantener este programa de destrucción del Estado, se rematarán las empresas de transporte de electricidad y agua, y se cierran los programas de desarrollo nuclear a pedido de Washington. El remate es total: entregarán el río Paraná —la principal vía de navegación y salida de las exportaciones agropecuarias—, mientras que la Patagonia es cedida al sionismo y al magnate Joe Lewis a través de firmas controladas por el fondo BlackRock.

Paradójicamente, las supuestas dificultades económicas no impiden que Milei aporte 350 mil dólares a la oficina de comunicación que Donald Trump monta con el objetivo de desprestigiar a los gobiernos progresistas de la región. Estamos asistiendo a la puesta en marcha de un nuevo «Plan Cóndor» para toda América, diseñado para atacar a todo lo que huela a izquierda. Esto ha quedado en evidencia tras la filtración de audios del narco expresidente hondureño Juan Orlando Hernández —indultado por Trump— y las graves denuncias sobre el envío, por parte del gobierno de Milei, de dos aviones Hércules de la Fuerza Aérea Argentina cargados con gas lacrimógeno para reprimir protestas en Bolivia.

Este proyecto de recolonización imperial solo se puede lograr mediante la represión y la corrupción de los políticos y los poderes judiciales. Argentina se encuentra, literalmente, en peligro de desaparecer como país. El drama principal radica en que el pueblo se encuentra actualmente sin conducción política, carente de una oposición que asuma una lucha frontal contra la entrega de la soberanía y la integridad territorial.

La resistencia y el enfrentamiento popular se dan hoy de forma sectorial, con luchas aisladas unas de otras. Mientras tanto, la derecha cipaya y proimperialista, sumida en internas por espacios de poder, se mantiene a flote por una única razón: la falta de una oposición unida y decidida a enfrentar al colonialismo imperial, defender la patria y ganar las calles.