Estados Unidos 2026: una ola demócrata contra Trump

Gina Hinojosa, Xavier Becerra, Keisha Lance Bottoms, Abdul El-Sayed, Deb Haaland, Pedro Sánchez, Jean-Luc Mélenchon

Un vuelco que va más allá del Congreso

Estado de México, 04 de noviembre 2026. Las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre de 2026 dejaron una completa derrota para Donald Trump y el Partido Republicano muy celebrada por mí; en lo personal. Los demócratas recuperaron la mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado, y ampliaron su control sobre las gobernaciones estatales. Con el 94 por ciento de los votos escrutados, los demócratas sumaban al menos 220 escaños en la Cámara, dos por encima de la mayoría y 54 en el Senado, cuatro más de la mitad.

El resultado es probable que se interprete de diferentes maneras, por ejemplo una respuesta de castigo al manejo económico de la administración y a la decisión de iniciar una guerra contra Irán, que provocó un alza en los precios de la gasolina, para empezar. Pero el fenómeno trasciende el balance de poder. Los comicios colocaron en los gobiernos estatales y en el Congreso a perfiles que hasta hace poco eran impensables, con propuestas que apuntan a un cambio de modelo: salud universal, vivienda asequible, impuestos a los ultra ricos y freno a los abusos de las grandes tecnológicas.

Los proyectos que se repiten en las campañas ganadoras

Al revisar los programas de quienes ganaron el martes, detecté tres ejes que aparecen una y otra vez, casi como un consenso tácito de la nueva ola demócrata. El primero es el costo de la vida. Casi todos los candidatos hablaron de congelar alquileres, reducir impuestos a los alimentos o enviar cheques de reembolso directo a las familias.

El segundo eje es la salud como derecho. La expansión de Medicaid es una constante en los estados del sur, donde los republicanos se habían negado a implementarla.

El tercer eje es el control de las grandes tecnológicas y los centros de datos, que aunque parece que es un tema reciente ya han sido muy visibles los daños a la población; como el excesivo suministro de agua para esas empresas a costa de los habitantes de donde se implantan, prácticamente ningún beneficio se ve reflejado en los bolsillos de las personas que habitan alguno de los sitios donde se instalan esas mega empresas

Hay un tema que, en cambio, aparece poco en los discursos de victoria: la corrupción. Desde mi punto de vista y como activista de izquierda, creo que este silencio es una omisión que la nueva ola demócrata debería corregir. Los votantes castigaron a Trump por su manejo económico, por la guerra y por su conducta, pero la crítica a la corrupción del sistema político en su conjunto quedó diluida en promesas de gestión. La población que salió a votar contra los oligarcas que financiaron campañas con millones merece que sus representantes hablen con la misma claridad de los mecanismos que permiten que el dinero compre voluntades o de la opacidad de los gastos bélicos, los costos que genera la privatización de los centros de retención y todo el engranaje ligado a la detención de migrantes.

Gina Hinojosa: la primera latina en gobernar Texas

Elegí unos perfiles para contar un poco su historia y quiero comenzar por Gina Hinojosa, demócrata de ascendencia mexicana, derrotó al gobernador republicano Greg Abbott, uno de los aliados más cercanos de Trump. Hinojosa nació en McAllen, creció en Brownsville, en el Valle del Río Grande, y es hija de Gilberto Hinojosa, un prominente político demócrata, y de Crisanta Lozano. Su victoria es histórica pues es la primera latina en ocupar el cargo.

Hinojosa propuso enviar un cheque de reembolso único de 1.500 dólares a cada hogar de Texas, utilizando el fondo de reserva estatal que asciende a unos 27.000 millones de dólares . También se comprometió a expandir Medicaid para garantizar cobertura de salud a más tejanos, y a poner fin a las exenciones fiscales a los grandes centros de datos . En materia educativa, prometió revertir el programa de vales escolares y mantener el dinero público en las escuelas públicas . “Los votantes han entregado un mandato de cambio”, declaró la noche de su victoria.

Xavier Becerra: el primer gobernador latino en California

Xavier Becerra, de 68 años e hijo de madre mexicana, se impuso con el 64 por ciento de los votos al republicano Steve Hilton, un excomentarista de Fox News respaldado por Trump. Becerra se convierte en el primer gobernador latino de California en 150 años y sucede a Gavin Newsom el 4 de enero de 2027. Pienso importante que todos sigamos con cautela los últimos meses de esta administración represora que persigue, somete y asesina migrantes; no podemos olvidar a las seis personas que fallecieron entre septiembre del 2025 a marzo del 2026 en dos centros de detención Y les humanos las más de 15,000 deportaciones en los últimos dos años.

Su plataforma se centró en combatir a la administración Trump. Como fiscal general de California, presentó 122 demandas contra el primer gobierno de Trump, y durante la campaña prometió proteger el acceso a la salud, la vivienda asequible y los derechos de los inmigrantes . También abogó por regular la inteligencia artificial y por exigir a los centros de datos que cumplan con requisitos de divulgación ambiental . En su discurso de victoria, advirtió: “Si alguien quiere ir contra California, o contra cualquier californiano, más vale que esté preparado para luchar”.

Keisha Lance Bottoms: la primera gobernadora afroamericana de Estados Unidos

Keisha Lance Bottoms, exalcaldesa de Atlanta, derrotó al republicano Rick Jackson y se convirtió en la primera mujer afroamericana en ser electa gobernadora en la historia de Estados Unidos . Su victoria en Georgia pone fin a más de dos décadas de control republicano en el ejecutivo estatal.

Bottoms hizo de la expansión de Medicaid una de sus principales promesas de campaña, junto con el aumento del salario mínimo a 15 dólares la hora y el incremento salarial para maestros, bomberos y policías . También se comprometió a pausar el desarrollo de nuevos centros de datos y a derogar la prohibición del aborto después de la sexta semana de embarazo . “No estoy corriendo para ser su gobernadora favorita”, dijo en referencia a Trump. “Estoy corriendo para trabajar en nombre de gente como ustedes”.

Abdul El-Sayed: el primer senador musulmán

Abdul El-Sayed, médico y epidemiólogo de 42 años, hijo de inmigrantes egipcios, ganó el escaño del Senado por Michigan y se convirtió en el primer musulmán y el primer estadounidense de origen árabe en llegar a la Cámara Alta . Su campaña estuvo marcada por un discurso crítico al apoyo militar estadounidense al terrorista y genocida que no quiero escribir y por su defensa de la cobertura universal de salud.

El-Sayed se presentó con la consigna “dinero fuera de la política, dinero en tu bolsillo, Medicare para todos” . Prometió impulsar un impuesto a los multimillonarios y enfrentar a la administración Trump por el aumento de los costos y la guerra contra Irán . “Querían una América que es demasiado pequeña para algunos de nosotros”, dijo en su discurso de victoria. “Sabemos que esta es una América que es lo suficientemente grande para todos nosotros”.

Deb Haaland: la primera gobernadora indígena

Deb Haaland, miembro de la tribu Laguna Pueblo, ganó la gobernación de Nuevo México y se convirtió en la primera mujer indígena en ocupar ese cargo en la historia de Estados Unidos . Haaland ya había hecho historia en 2021 como la primera nativa americana en formar parte de un gabinete presidencial, cuando Joe Biden la nombró secretaria de Interior.

Sus prioridades como gobernadora incluyen mejorar la asequibilidad, establecer una opción de salud pública y reformar el sistema de bienestar infantil de Nuevo México . También prometió suspender los nuevos proyectos de centros de datos a gran escala mediante una orden ejecutiva hasta que los legisladores establezcan regulaciones . “Donald Trump cree que sabe algo sobre Nuevo México”, dijo durante la campaña. “Necesitamos hacer la vida más asequible para los neomexicanos porque tenemos un presidente en el cargo que no tiene idea de cómo vivimos”.

Nueva York: Zohran Mamdani y la izquierda que gobierna ya la ciudad más grande

Zohran Mamdani, demócrata socialista de 34 años e hijo de inmigrantes indios nacido en Uganda, asumió como alcalde de Nueva York el 1 de enero de 2026 tras ganar las elecciones de noviembre de 2025 . Su victoria ya había encendido las alarmas en el establishment. Mamdani prometió congelar los alquileres, ofrecer cuidado infantil universal y autobuses públicos gratuitos . En su discurso de investidura, celebrado en un acto al que asistieron Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, declaró: “Ellos quieren saber si la izquierda puede gobernar. Nosotros haremos algo que los neoyorquinos hacen mejor que nadie: daremos el ejemplo al mundo”. Esta gran victoria es un primer detonador en todo el país.

España y Francia: las propuestas de los gobiernos progresistas

La ola que recorrió Estados Unidos y Brasil encuentra en Europa un escenario de definición. En España, Pedro Sánchez disolvió el Parlamento y convocó elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre, después de que el Congreso rechazara sus decretos sobre vivienda y de que la derecha y la ultraderecha bloquearan su agenda.

El presidente del Gobierno español presentó un paquete de medidas sociales como eje de su campaña. Se comprometió a subir el Salario Mínimo Interprofesional “todos los años” que gobierne, y a blindar en la Constitución el derecho al aborto y la revalorización de las pensiones conforme al IPC. En materia de vivienda, prometió “poner pie en pared” frente a los abusos de los fondos buitre y los grandes tenedores. También defendió la regularización de medio millón de migrantes que ya trabajan y cotizan a la Seguridad Social. Su llamado a concentrar el voto progresista en el PSOE, bajo la consigna “Todo al rojo”, apunta a evitar la fragmentación de la izquierda.

En Francia, Jean-Luc Mélenchon, candidato de La France Insoumise a la presidencia, ha construido su campaña sobre las demandas de la juventud y una ruptura con el modelo neoliberal. En un mitin en Clermont-Ferrand ante más de 10.000 personas, exigió la abolición de la plataforma Parcoursup y defendió el derecho al voto a los 16 años. Su programa económico propone un aumento del 10 por ciento en la remuneración de los funcionarios y las ayudas sociales, la creación de un impuesto sobre la fortuna climática y la aplicación de la tasa Zucman a los patrimonios superiores a 100 millones de euros. En materia de pensiones, promete revertir la reforma de Macron y restablecer la jubilación a los 62 años.

El imperio sigue siendo imperio

Celebramos la llegada de estos rostros que parecerían los de un cambio radical y damos seguimiento a sus promesas de campaña. La euforia por ver a Trump derrotado exige mantener la guardia alta, porque la historia de las administraciones demócratas está manchada por políticas que han causado un sufrimiento terrible. Barack Obama, quien despertó una enorme esperanza, deportó a más de 2.7 millones de personas durante sus primeros años de gobierno, alcanzando la cifra récord de casi 2 millones 750 mil deportaciones formales entre 2009 y 2015, y otras estimaciones elevan el total a 4.8 millones de personas expulsadas durante sus dos mandatos. Su administración construyó en 2014 las famosas “jaulas” de malla ciclónica en la frontera para detener a menores no acompañados, y abrió centros de detención familiar como el de Nuevo México con 700 camas. En esos centros, las familias, incluyendo niños pequeños, eran vestidas con uniformes de prisión y encerradas en celdas bajo condiciones inhumanas. Además, durante sus dos mandatos murieron al menos 56 personas bajo custodia del ICE.

En el plano internacional, Obama heredó las guerras de Irak y Afganistán y las profundizó. La guerra de Irak, que él mismo había criticado, terminó costando 2.4 billones de dólares y dejó más de 200.000 muertos iraquíes, sin que se encontraran las armas de destrucción masiva que justificaron la invasión. En Afganistán, el conflicto se prolongó durante sus dos mandatos y costó 2.3 billones de dólares. Pero su huella más letal fue la intervención en Libia en 2011, una operación que él prometió que duraría “días, no semanas” y que terminó convirtiendo al país en un Estado fallido con mercados de esclavos abiertos, con un costo de más de 2.000 millones de dólares. En Siria, autorizó el inicio de la operación contra el Estado Islámico, que costó más de 14.000 millones de dólares y dejó un reguero de destrucción. Su programa de drones, que él mismo convirtió en el eje de su estrategia antiterrorista, autorizó 563 ataques con drones, diez veces más que su predecesor, y dejó un saldo de cientos de civiles muertos en Pakistán, Yemen y Somalia, incluyendo más de 170 niños.

Joe Biden, por su parte, también dejó un legado de expulsiones masivas: utilizó los poderes de emergencia de la pandemia para deportar a 4 millones de personas, y otras estimaciones calculan que su administración expulsó a cerca de 4.6 millones. Su gobierno reactivó centros de detención para menores no acompañados en Carrizo Springs, Texas, y aunque su portavoz prometió que los niños no serían encerrados en “jaulas”, las imágenes de menores en instalaciones con malla ciclónica volvieron a circular. Durante su mandato murieron al menos 26 personas bajo custodia del ICE, con un promedio de entre 3 y 11 muertes por año.

En cuanto a sus pronunciamientos, Biden fue contradictorio: en 2021, cuando la frontera se desbordó, lanzó un mensaje directo a los migrantes: “No vengan, no dejen su ciudad o comunidad”. Y en 2024, al anunciar el cierre de la frontera, fue tajante: “Los migrantes no podrán tener asilo a menos que lo hagan con una cita legal. Si vienen sin permiso y contra la ley, no podrán quedarse en Estados Unidos”. Aunque en sus discursos afirmaba que no demonizaría a los inmigrantes, sus políticas fronterizas y sus deportaciones masivas hablan más fuerte que sus palabras.

En el ámbito militar, Biden mantuvo la maquinaria bélica intacta al sostener y financiar dos de los conflictos más letales del siglo XXI. En Ucrania, su administración destinó más de 175.000 millones de dólares en ayuda militar y económica, convirtiendo a Estados Unidos en el principal sostén de la guerra proxy contra Rusia. En Gaza, aprobó más de 100 transferencias de armas al ente sionista por un valor superior a los 41.000 millones de dólares, y su apoyo militar fue calificado por Oxfam como el respaldo a una guerra que mató a más mujeres y niños en un solo año que cualquier otro conflicto en las últimas dos décadas. Además, mantuvo tropas en Siria e Irak, donde sufrió ataques de grupos respaldados por Irán, y sostuvo la participación estadounidense en la guerra de Yemen, donde los bombardeos dejaron 377.000 muertos y la peor crisis humanitaria del planeta.

Como activistas, el triunfalismo es nuestro peor enemigo, ya que es justo en los momentos de festejo cuando más debemos agudizar el sentido crítico y observar con lupa si estas figuras realmente van a disminuir las injusticias, la contaminación, las víctimas de las guerras, las expulsiones, los genocidios y el saqueo, incluyendo el papel de la OTAN y de Estados Unidos en Europa y en el resto del planeta. Si nos distraemos congratulándonos, podríamos llevarnos grandes sorpresas, así que el compromiso de la ciudadanía se mantiene intacto. Seguimos informando y compartiendo lo que estos nuevos políticos aseguraron en campaña, pero sobre todo, seguimos manifestándonos en las calles y en las redes a favor de la paz, de la justicia social, y de la preservación y reparación de nuestro planeta.

Un sector es decisivo para lograr estabilidad y paz duradera, son las juventudes de uno y otro lado del Atlántico, pues hemos dado seguimiento y en casi todos los países que participan o financian guerras, están saliendo a las calles y a las urnas. Los resultados de Estados Unidos y Brasil demuestran que su movilización puede revertir los escenarios más adversos.

La tendencia bélica mundial y sus cómplices, particularmente en Europa, deberán detenerse ante la presión permanente y consciente. La población está poniendo del lado correcto de la historia a quienes dicen defender la paz, la salud y la dignidad frente a los oligarcas que financiaron campañas con millones pero que no pueden comprar la democracia. En algunos lugares chocaron contra la conciencia de clase, ese espectro que revive y se aviva siempre que las élites intentan olvidar que es el pueblo trabajador quien sostiene al mundo con sus manos, pero aún es temprano para saber si en realidad la población seguirá estando a la altura de la democracia. No se trata solo de votar el día de la elección, es dar seguimiento a los compromisos adquiridos y acelerar los procesos lo más posible.

Me suena muy apropiada la frase que no hay que dejar de repetir: Solo el pueblo puede salvar al pueblo. Solo el pueblo unido y organizado puede salvar a la Nación.