Instrucciones para el retroceso republicano:
«Cuando una mujer vota, vota una familia. Por lo tanto, elimínese a la mujer del proceso y entréguese el sufragio al patriarca de la casa para evitar desgastes democráticos innecesarios».
— Del manual implícito de la ultraderecha electoral en EE. UU., temporada otoño-invierno.
I. El milagro de la equidad (que es como una Sinfonía en dólar menor)
Tenemos decenas de décadas celebrando en el mundo la heroica gesta del voto femenino para descubrir que, en el corazón del American Dream, la igualdad cotiza con descuento. Incluso realizando el mismo trabajo, la mujer migrante cobra un dólar menos por hora, pero eso sí: paga el cien por ciento de sus impuestos y aporta el doble de dignidad.
Las mujeres trabajadoras, madres, esposas y estudiantes mexicanas en el exterior han demostrado que su derecho a votar no fue una concesión de cortesía ni una medalla conmemorativa del INE; fue el resultado de batallas encarnadas por las licencias de conducir, la educación bilingüe, la ciudadanía para sus hijos y el derecho básico a no ser violentadas.
Cuando México eligió a su primera Presidenta, la proclama resopló con fuerza: «Llegamos todas». Lo que nadie nos advirtió es que, en el trayecto de regreso a las casillas norteamericanas, el sistema digital de la credencialización y la burocracia consular iban a jugar al «pásale mañana» para frenar la Marea Rosa y Morena del voto migrante.
II. «El voto familiar» o la elegante manera de borrarse
«¿Para qué molestar a la mujer con la boleta si el marido puede decidir por la comunidad doméstica?»
— Pudiera ser ésta la consigna de las respetables organizaciones locales conservadoras en EE. UU.
En los últimos meses hemos sido testigos de una deslumbrante pirueta retórica a nivel local en Estados Unidos: el surgimiento del «voto familiar». Detrás del entrañable concepto de la armonía hogareña se esconde el verdadero propósito: silenciar y neutralizar la voz individual de las mujeres.
Pobre mujer mexicana en el exterior: tiene la plena conciencia de su identidad, sabe exactamente quién es, qué quiere y qué ha peleado... pero los comités puritanos de la política local han decidido que la familia se representa mejor si la mujer guarda silencio y prepara el café mientras los varones eligen el destino del condado.
III. La democracia bajo vigilancia militarizada
Aviso a la comunidad votante:
«Para su mayor comodidad y seguridad al ejercer el libre derecho al sufragio, agentes del ICE patrullarán las casillas. Favor de no ponerse nerviosas».
A sólo unos días de las elecciones en Estados Unidos, el panorama está cercano a la distopía. Resulta insólito que, mientras el voto femenino en Norteamérica se perfila como el sector más amenazado y vulnerable, la gran novedad para garantizar la «transparencia» sea la presencia de la policía migratoria (ICE) merodeando las casillas electorales.
Estamos hablando de la misma agencia señalada por decenas de muertes en centros de detención, hoy comisionada informalmente para infundir el terror, amedrentar a los votantes e inhibir el ejercicio de un derecho conquistado a pulso. La fórmula es impecable: si el «voto familiar» no logra acallar a la mujer migrante, la amenaza del uniforme a la entrada de la casilla terminará el trabajo.
Sin embargo, a pesar del revés, de las trabas burocráticas y de las patrullas en la puerta, la conciencia histórica de la mujer mexicana no se borra con decretos ni con intimidaciones. La voz femenina migrante ya aprendió a votar, y es un derecho que ningún «voto familiar» podrá arrebatar.

Residente en California, egresada de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros (BENM), Generación 100. Maestra PROBEM -USA, México España. Maestra 2004 por el College DuPage. Educación para Adultos, Illinois. Educación Migrante en USA.

