México no es ni será nunca colonia ni protectorado
Mientras el presidente de Estados Unidos anuncia acuerdos para ampliar su control militar sobre territorios estratégicos en el Ártico, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha reiterado un principio que llena de honor a nuestro país: México no es ni será nunca colonia ni protectorado de ninguna potencia. La defensa de la soberanía nacional es una postura respaldada por el pueblo mexicano, que jamás permitiría la intrusión por aire, tierra o mar de ninguna fuerza extranjera. Ese contraste entre un pueblo que defiende su territorio y un gobierno que extiende su presencia militar por el mundo es el marco en el que se inscribe la noticia que hoy compartimos.
Un anuncio con dos lecturas
El 18 de septiembre de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en su plataforma Truth Social que su país había alcanzado un acuerdo con el Reino de Dinamarca y con Groenlandia. En su mensaje, Trump afirmó que el pacto otorga a Estados Unidos “control permanente sobre la seguridad y todas las demás necesidades en Groenlandia” y que “no habrá costos para Estados Unidos”. Lo calificó como un acuerdo de “vida infinita” y un “sueño hecho realidad”.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, emitió una declaración conjunta con el gobierno groenlandés en la que describió el entendimiento de manera distinta. Según Frederiksen, se trata de “un acuerdo que fortalece nuestra seguridad común en el Ártico y el Atlántico Norte” y que “reconoce la soberanía y la integridad territorial del Reino de Dinamarca, así como el derecho del pueblo groenlandés a la autodeterminación”.
El gobierno groenlandés, encabezado por Jens-Frederik Nielsen, confirmó el acuerdo y señaló que “reconoce los intereses de Groenlandia y nuestro lugar en la cooperación internacional”. La firma está prevista para la próxima semana, en el marco de la Asamblea General de la ONU, pero requiere la aprobación de los parlamentos danés y groenlandés antes de entrar en vigor.
Qué dice Trump sobre el contenido del acuerdo
En su mensaje, Trump detalló algunos puntos que, según él, forman parte del pacto. A partir de ahora, “ningún adversario de Estados Unidos podrá jamás tener una base en Groenlandia, tener presencia militar en Groenlandia o realizar inversiones sensibles en Groenlandia sin nuestra aprobación expresa por escrito”.
También anunció que Washington “iniciará inmediatamente el proceso de desarrollar una gran presencia militar en zonas apropiadas de Groenlandia”. Mencionó que trabajarán “con el pueblo de Groenlandia en su desarrollo y construcción”.
Trump no detalló qué países serán considerados “adversarios”, qué inversiones quedarán sujetas al veto estadounidense ni las condiciones jurídicas concretas bajo las cuales Washington ejercerá esas nuevas facultades.
La tensión que precedió al acuerdo
La disputa por Groenlandia escaló a lo largo de 2026. Trump había manifestado en múltiples ocasiones su intención de tomar el control de la isla, argumentando una supuesta amenaza de Rusia y China. Su administración no descartó el uso de la fuerza militar, lo que generó una crisis diplomática con Dinamarca, país miembro de la OTAN.
En enero de 2026, la situación se tensó cuando Trump reiteró que el control de Groenlandia por parte de Estados Unidos era “una necesidad absoluta”. El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, respondió con claridad: “El pueblo groenlandés no está en venta y los groenlandeses tienen derecho a la autodeterminación. No es un tema negociable”.
En julio, durante la cumbre de la OTAN en Ankara, Trump afirmó que Groenlandia “debería ser controlada por Estados Unidos, no por Dinamarca”. Según funcionarios citados por The Washington Post, la primera ministra Frederiksen se acercó a Trump durante la cumbre y le dijo: “Donald, no vas a conseguir Groenlandia”. Trump respondió: “Bien, ya veremos”.
En ese contexto, Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia desplegaron efectivos militares en la isla para realizar maniobras conjuntas. Trump respondió anunciando aranceles del 10 por ciento sobre los productos de esos países, medida que luego anuló tras una reunión con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.
Las protestas en Dinamarca y Groenlandia
Los planes de Trump generaron una reacción ciudadana significativa. A principios de 2026, miles de personas salieron a las calles en Dinamarca y Groenlandia para expresar su rechazo a cualquier intento de anexión. En Copenhague, los manifestantes corearon “Groenlandia no está en venta” y desplegaron pancartas con el mensaje “Quita tus manos de Groenlandia”.
La primera ministra danesa describió la presión estadounidense como “completamente inaceptable” y advirtió que “hay muchos indicios de que lo más difícil está por venir”.
El trasfondo histórico
Groenlandia es la isla más grande del mundo, con 2,2 millones de kilómetros cuadrados y apenas 57.000 habitantes. Pertenece al Reino de Dinamarca, pero goza de amplia autonomía desde 1979, con competencias en seguridad, justicia y guardia costera desde 2009. La política exterior y de defensa sigue en manos de Copenhague.
Estados Unidos ha intentado adquirir Groenlandia desde 1867, cuando el secretario de Estado William H. Seward sugirió comprarla. En 1946, la administración de Harry Truman ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares en oro, oferta que el gobierno danés consideró un insulto.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos obtuvo permiso para desplegar fuerzas en la isla. En 1951, Washington y Copenhague firmaron un tratado que otorgó a Estados Unidos amplios derechos para mantener bases militares en Groenlandia, sin fecha de expiración. La base espacial Pituffik, en el noroeste de la isla, sigue siendo una instalación estratégica para la vigilancia espacial y la alerta de misiles.
El interés de Trump en Groenlandia se intensificó tras conocer, durante su primer mandato, la riqueza mineral de la isla. Groenlandia posee reservas de tierras raras, metales, piedras preciosas, uranio, oro, plata, cobre, zinc y grafito, además de potencial petrolífero y de gas natural, aunque la extracción de hidrocarburos está prohibida por razones ambientales.
Los intereses estratégicos de Estados Unidos
Groenlandia ocupa una posición clave en el sistema de alerta temprana de misiles balísticos de Estados Unidos. La ruta más corta de Europa a Norteamérica pasa por la isla. Washington ha expresado interés en ampliar su presencia militar, incluida la instalación de radares para vigilar las aguas entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido, una puerta de entrada para buques y submarinos rusos.
El acuerdo también podría estar vinculado al proyecto ‘Golden Dome’, el escudo antimisiles que impulsa la administración Trump. Reuters informó que las conversaciones incluyeron la posibilidad de utilizar territorio groenlandés para ese sistema.
Preguntas sin respuesta
El acuerdo plantea varias incógnitas. Trump no especificó qué países serán considerados “adversarios” ni qué tipo de inversiones quedarán sujetas al veto estadounidense. Tampoco detalló las condiciones jurídicas bajo las cuales Washington ejercerá esas nuevas facultades.
La descripción danesa y la estadounidense difieren en un punto fundamental: Trump habla de “control permanente sobre la seguridad y todas las demás necesidades”, mientras Frederiksen habla de un acuerdo que “reconoce la soberanía y la integridad territorial del Reino de Dinamarca”. El texto final del acuerdo, que se firmará en la ONU, permitirá evaluar cuál de las dos interpretaciones prevalece.
Lo que sigue
La firma está prevista para la próxima semana en Nueva York. Después, los parlamentos de Dinamarca y Groenlandia deberán aprobar el texto antes de que entre en vigor. El gobierno groenlandés ha señalado que el acuerdo “reconoce los intereses de Groenlandia”, pero el movimiento independentista de la isla sigue activo y la mayoría de la población apoya la independencia, aunque dividida sobre el momento y las consecuencias económicas.
Trump, por su parte, ha presentado el acuerdo como un triunfo. En su mensaje, afirmó sentirse “orgulloso de ser el presidente que abordó de manera permanente y concluyente esta muy importante situación”. Y añadió: “Seremos muy protectores con ella”.
México, mientras tanto, sigue defendiendo su soberanía con firmeza, La diferencia es que México no está en venta, ni en negociación, ni en disputa. La presidenta Claudia Sheinbaum lo ha reiterado en el Informe, en el Ddiscurso del Desfile del 16 de septiembre: México no es ni será nunca colonia ni protectorado de ninguna potencia. Y el pueblo mexicano lo respalda

Colaboradora de Enlace Mexamerica. Licenciada en Relaciones Internacionales, licenciada en Economía, Maestra en estudios sustentables regionales y metropolitanos.
Promotora de la Cuarta Transformación y del Humanismo Mexicano más allá de las fronteras de mi querida patria.
Miembro de una familia binacional con muchos motivos de orgullo de ser mexicana.

