Algunas historias no comienzan donde uno cree.
La historia de Mex-I-Can, proyecto de teatro comunitario en Houston, Texas, trae a la comunidad migrante a actuar; sin previa experiencia escénica y con el único propósito de dejar huella en nuestra comunidad.
Esta historia no comenzó en un escenario, ni con un libreto, ni siquiera con la idea de hacer teatro. Comenzó muchos años atrás, en la infancia, sin que yo lo supiera.
Crecí en una comunidad con una escuela pequeña, humilde, en las orillas de Xalapa. Un día nos dijeron que iríamos a un “concierto de la Orquesta Sinfónica de Xalapa”. No sabíamos bien qué era eso. Para nosotros, niños de un barrio sencillo, era más una aventura que una experiencia cultural
El trayecto fue caótico—niños gritando, maestros tratando de organizarnos. Pero al llegar, algo cambió. Entramos a un teatro enorme. Recuerdo subir unas escaleras amplias con alfombra roja—la primera vez que sentía algo así bajo mis pies. La luz tenue. El espacio inmenso. El silencio que poco a poco fue dominando a cientos de niños.
Y entonces comenzó: Peter and the Wolf, de Sergei Prokofiev. No entendí todo en ese momento, pero algo se quedó conmigo. Una sensación. Una conexión entre el sonido, la historia y el espacio. Una semilla. Años después, esa semilla despertaría
Ya en la universidad, en el ultimo año la Facultad de Arquitectura, lo que empezó como curiosidad se convirtió en destino. Un domingo por la mañana—casi un sacrilegio para estudiantes al final del semestre— un amigo me llamó:
“Hey Palomo… ¿sí vamos o qué?”
“Pues ya estamos despiertos… vamos.”
Así llegamos al grupo de teatro de la Facultad de Arquitectura: 3/8 de Alta Resistencia. Ninguno de nosotros era actor. Éramos estudiantes —algunos por curiosidad, otros por convivir, otros por explorar algo distinto. Pero lo que encontramos fue mucho más que un hobby.
Era un espacio de expresión.
Ahí desarrollamos creatividad, compañerismo, una forma de expresarnos… y también de protestar.
Ese año participamos en el Festival de Teatro Universitario, organizado por la ORTEUV (Organización Teatral de la Universidad Veracruzana). Para nosotros, las expectativas eran inciertas, pero para los organizadores eran claras: esperaban de la Facultad de Arquitectura el nivel que permitió montar excelentes puestas en escena originales en la forma y desarrollo que habían marcado generaciones anteriores.
Para nosotros ese festival nos marcó y eso inspiraría nuestras vidas.
Años después, esa misma esencia volvió a tomar forma en Houston.
En 2016, siendo parte de una organización comunitaria, propuse el proyecto “Talleres Libres de Teatro Experimental”, con la idea de invitar a la comunidad migrante a hacer teatro: contar nuestras historias, escribirlas, y al mismo tiempo prepararnos escénicamente—actuación, teoría, producción, escenografía.
La idea era clara: de esos talleres surgirían puestas en escena.
Pero la falta de recursos, tiempo y energía dejó el proyecto en pausa. Dormido. Aún no era su momento.
El tema del teatro siguió apareciendo en distintos espacios comunitarios, con interés… pero sin concretarse. Hasta el otoño de 2023.
Con la llegada de una nueva Cónsul General a Houston, y tras acercamientos con su equipo, surgió una conversación clave. Recuerdo que, casi al despedirme, lancé una idea directa:
“Vamos a hacer teatro.” Hubo un segundo de silencio. Y luego: “Sí… es buena idea.” No sabía en ese momento lo que se detonaría.
En enero de 2024 recibí una llamada del cónsul:
“Freddy, ¿vamos a hacer lo del teatro o qué?” “¡Claro que sí!”
Días después estábamos en el consulado. Un pequeño grupo: líderes comunitarios, directores de teatro, colaboradores. No teníamos nada.
Ni actores.
Ni estructura.
Pero sí una intención clara: reconectar a la comunidad mexicana en Houston con su propia historia—con sus testimonios de resiliencia y triunfo migrante—a través del arte, a través del teatro.
Semanas después se lanzó la convocatoria. La comunidad respondió. Y el proyecto empezó a tomar vida.
Mex-I-Can nace con un propósito fundamental: dejar testimonio de nuestras historias. Historias de trabajo, sacrificio, esfuerzo… pero también de éxito y resiliencia.
A la vez que busca abonar a cambiar la narrativa sobre los migrantes.
No somos solo números.
No somos solo estadísticas.
No somos solo estatus migratorio.
Somos una comunidad viva.
Una nación dentro de otra nación, levantando por un lado la nación que nos ha visto llegar, en muchos casos no precisamente con los brazos abiertos y la otra nación la que nos vio partir.
La obra presenta cuatro historias de migrantes, incluyendo la lucha de trabajadoras de la limpieza en Houston en 2006, así como experiencias del cruce por el desierto, la separación familiar y la búsqueda de identidad a través de jóvenes dreamers.
El escenario se llena de símbolos culturales: danzantes mexicas que representan nuestras raíces que traemos con nosotros, luchadores enmascarados realizando sus coreografías que evocan la lucha entre el bien y el mal, un canto muy emotivo por una niña de la comunidad, apareciendo en una escena casi etérea arrebatando los sentimientos más profundos en nuestros adentros en la impactante escena del desierto, y el mariachi que celebra la esperanza y el triunfo después de la adversidad
Pero más allá del escenario, Mex-I-Can es un espacio de encuentro.
El público no solo observa—se reconoce.
Se emociona.
Se ve reflejado.
Y quienes participamos, nos convertimos en algo más que un elenco.
Nos convertimos en familia.
La familia Mex-I-Can.
Hoy entiendo algo que comenzó aquel día, en la infancia, sentado en un teatro sin saber por qué estaba ahí.
El teatro no es solo entretenimiento.
Es memoria.
Es identidad.
Es comunidad.
Es voz.
Y cuando esa voz es honesta…
La gente la entiende.
They get it.
Arquitecto egresado de la Universidad Veracruzana y residente de Houston, posee una trayectoria multifacética que fusiona el diseño técnico con el compromiso social y artístico.
Con experiencia en la industria de la edificación y energía como técnico BIM, ha complementado su perfil profesional con una sólida labor en el desarrollo comunitario, el marketing digital y la producción audiovisual.
Su formación incluye un pasado destacado en el teatro universitario y una participación activa en organizaciones culturales, donde utiliza disciplinas como la fotografía y la videografía para documentar y fortalecer las narrativas de la comunidad migrante.
Actualmente, integra el equipo de la obra Mex-I-Can y colabora en producción de video, reafirmando su sensibilidad creativa y su dedicación al emprendimiento social.

