FIFA, Mundial y memoria: reflexiones desde la diáspora

La alegría que prevalece en los mexicanos en el exterior durante la fiesta del football, es muestra de la generosidad de nuestros corazones

La paradoja; yo critico el sistema pero celebro el juego

Confieso algo que a muchos les resultará extraño: el fútbol no me apasiona en sí mismo. No me gusta la FIFA, esa máquina insaciable que convierte el deporte en un negocio global de proporciones colosales. Sus prácticas de acumulación, su agenda de explotación, sus falsas promesas hechas en países pobres y la manera en que exige privilegios a los países anfitriones me han parecido siempre una muestra de cómo el capitalismo deportivo opera sin escrúpulos.

Sin embargo, dentro de unas horas, cuando en México sean las seis de la tarde y aquí en Francia la madrugada del lunes haya caído, yo estaré sentada en una banqueta de un puerto frente al mar, con mi bandera mexicana, mi mezcal artesanal, unos Takis fuego y de más chucherías. No es lo mismo porque aca no habrá una pantalla gigante ni una plaza pública organizada. Será una banqueta, un puerto, el sonido de los mástiles de los barcos y mi kit de supervivencia pacífico acompañándome.

kit de supervivencia

¿Hipocresía? Quizá. O quizá sea simplemente un momento de tregua. Porque el fútbol, con toda su FIFA depredadora, tiene algo que ningún otro espectáculo logra: contagiar de alegría. Las calles se llenan de gente que abraza a desconocidos. Los colores de las banderas se mezclan. Por un par de horas, las diferencias se diluyen y somos solo personas celebrando un juego. La FIFA nos vende estas pequeñas dosis de felicidad al mismo tiempo que ellos construyen su imperio de millones, y nosotros, como pueblo-afición-fiesteros, las aceptamos. No porque seamos ingenuos, sino porque en un mundo cada vez más insostenible, esas pequeñas alegrías colectivas son también una forma de resistencia. Tomo lo poco bueno que queda en este gran teatro controlado por los imperios, y lo disfruto sin culpa, aunque sepa que es parte del mismo sistema que detesto.

El contrato que firmó el México neoliberal. No somos iguales.

México es uno de los tres países anfitriones del Mundial 2026, junto con Estados Unidos y Canadá. Pero hay una diferencia importante entre nosotros y nuestros vecinos del norte: la exención fiscal que México otorgó a la FIFA. Este acuerdo, firmado en 2015 durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, establece que la FIFA y las empresas que designe no pagarán impuestos en territorio mexicano durante el torneo.

La propia presidenta Claudia Sheinbaum ha reconocido que fue un contrato firmado en otra época y que, a pesar de todo, debe cumplirse. Es lamentable que la FIFA, con todo su historial de escándalos, se atreva a exigir este tipo de privilegios. Pero también es cierto que este acuerdo refleja la manera en que el México neoliberal veía las relaciones internacionales: como una oportunidad para ceder soberanía a cambio de visibilidad.

Estados Unidos y Canadá, en cambio, negociaron beneficios limitados. No se arrodillaron. México sí, y lo hizo en 2015, en pleno apogeo de un modelo que no dudaba en entregar las llaves del país a cambio de un aplauso que ocultaba el sonido de su escandalosa corrupción. Hoy, ese contrato nos pesa. Pero también nos recuerda que hubo un antes y un después. Y que el después, con todo y sus dificultades, es mejor.

FIFA Gate: la mafia del fútbol desenmascarada

La historia de la FIFA está manchada de escándalos que harían palidecer a cualquier organización criminal. El caso más famoso, conocido como FIFA Gate, fue uno de los mayores escándalos de corrupción en la historia del deporte. En mayo de 2015, siete directivos de la FIFA fueron detenidos en un hotel de lujo en Zúrich, Suiza, a petición de Estados Unidos. Entre ellos había cinco latinoamericanos: Eduardo Li de Costa Rica, Julio Rocha de Nicaragua, Eugenio Figueredo de Uruguay, José María Marín de Brasil y Rafael Esquivel de Venezuela.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó 47 cargos contra 14 personas, que incluían sobornos, chantajes, fraude y conspiración para el blanqueo de dinero. La fiscal general Loretta Lynch describió una trama corrupta con “raíces profundas” que operó de manera sistemática “durante al menos dos generaciones”. Se estima que los sobornos ascendieron a unos 150 millones de dólares durante más de 20 años.

El escándalo expuso cómo se utilizaban sobornos para otorgar derechos de transmisión, comercialización y organización de torneos internacionales, además de influir en la elección de sedes para competiciones e incluso en los campeones mundiales. La investigación reveló que altos funcionarios de la FIFA, confederaciones continentales y empresas vinculadas al deporte habían convertido el fútbol en un negocio de lavado de dinero.

Y sin embargo, a pesar de las detenciones, los procesos judiciales y la renuncia de importantes dirigentes, la FIFA sigue en pie. Sigue exigiendo exenciones fiscales. Sigue haciendo negocios. La impunidad, al parecer, también juega en su equipo.

Un poco de memoria, ¡bolita por favor!

Ahora, abriré un paréntesis. Siendo que tengo una familia binacional, sin ninguna explicación decidí apoyar a Paraguay por eso de que somos de América latina y se me hizo natural. Hoy me dio mucha curiosidad empezar a leer algunos comentarios y reacciones en páginas en español y es sorprendente. En las últimas horas he visto comentarios de argentinos, guatemaltecos, colombianos y ecuatorianos, etc. apoyando a Inglaterra en contra de México en esta Copa del Mundo. Y quiero hacer un ejercicio de memoria histórica.

Los ingleses le arrebataron las Malvinas a Argentina en 1982. Dejaron 649 soldados argentinos muertos y un territorio que nunca recuperaron. Estados Unidos, un país fundado por colonos ingleses, organizó el golpe de estado en Guatemala en 1954 contra el presidente democrático Jacobo Árbenz, acusado de “comunista” por reformar la tierra. Le sucedió una dictadura de 40 años que dejó más de 200.000 muertos.

En 1973, la CIA apoyó el golpe de estado de Pinochet contra Salvador Allende en Chile. Murió el presidente, y la dictadura dejó más de 3.000 desaparecidos y 28.000 torturados. En Brasil, un golpe militar apoyado por Estados Unidos en 1964 impuso 21 años de dictadura, 434 muertos y desaparecidos, y miles de exiliados. Argentina vivió su propia dictadura en 1976, que dejó 30.000 desaparecidos, apoyada por el Plan Cóndor con financiamiento y asesoría de Estados Unidos. Uruguay, Paraguay, El Salvador, Panamá, Haití… la lista es interminable.

México, en cambio, recibió a más de 6.000 argentinos perseguidos por su dictadura militar. Les abrió las puertas, les salvó la vida. También a guatemaltecos, chilenos, salvadoreños, uruguayos, paraguayos, haitianos, brasileños. México siempre ha sido refugio. No se trata de exigir gratitud. Se trata de recordar que el apoyo de hoy en algo tan simbólico serviría mucho a todos para mostrar que América Latina es y sera nuestra Patria Grande.

Yo hace dos días apoyé a Cabo Verde. No tengo nada contra Argentina, jamás estuve difamando o diciendo cosas feas en contra de los argentinos, solo le voy a Cabo Verde por una cuestión realmente personal pero cero hate. Pero veo estas actitudes y me pregunto: ¿de verdad se prefieren poner de lado opuesto de quién salvó tantas vida cuando en sus propias tierras se les perseguía? ¿Cuándo México ha cerrado las puertas para recibir a exiliados o víctimas de sus gobiernos?

Los hechos están ahí. Cada quien decide qué quiere recordar.

Un mensaje para los mexicanos y para América Latina

A mis compatriotas: disfruten el partido. Pero háganlo con medida. Las pantallas gigantes cerca de sus domicilios son una buena opción. Eviten desmanes y actos excesivos. Es solo una copa mundial. No seríamos más ni menos como pueblo tangiblemente si ganamos o perdemos. Pero si llega a haber algún accidente, algún exceso, piensen en las familias de los compatriotas que podrían quedar con un vacío irreparable.

A los latinoamericanos que leen esto: somos hermanos con un pasado muy similar. No nos dejemos aplastar por quienes, desde la ignorancia o el rencor, eligen apoyar a los mismos que nos han saqueado, invadido y masacrado durante siglos. La memoria no es un lujo. Es una responsabilidad.

La noche, el puerto y la esperanza

Dentro de unas horas, cuando en México sean las seis de la tarde y aquí la madrugada del lunes haya llegado, estaré sentada en una banqueta de un puerto francés. No habrá una pantalla gigante ni una multitud organizada. Será solo yo, mi bandera, mi mezcal artesanal y mi corazón puesto en cada jugada.

El mezcal joven “Tierra Mestiza”, 100% Maguey Tobalá, me acompañará. La playera con mi fondo hecho a mano en Temoaya. El abanico de Patamban, hecho en Michoacán. La computadora conectada a la red pública. La bella bandera mexicana. Mis calcetas de AMLO. Los Takis Fuego con salsa Valentina. El paquetaxo que me mandó mi amiga Isabel. Las servilletas y el mantel hechos a mano. Todo eso estará conmigo, como un pequeño altar portátil de mexicanidad en tierras francesas.

Si ganamos, brindaré con más mezcal. Si perdemos, endulzaré la noche con unas freskas y un mazapán cubierto de chocolate. El resultado no cambiará mi vida. Pero el ritual, la comunión con mi pueblo a miles de kilómetros de distancia, eso sí que lo valoro mucho y me importa.

El fútbol, con toda su FIFA corrupta y sus contratos miserables, tiene algo que ningún imperio puede comprar: la alegría de la gente en las calles. Y esa alegría, aunque sea vendida, aunque pareciera una migaja, es también nuestra.

Viva México. Viva América Latina. Y que gane el mejor.