Existen momentos en la política latinoamericana en los que el silencio se convierte en complicidad. El encarcelamiento de Luisa González, líder de la Revolución Ciudadana y excandidata presidencial de Ecuador, es el eslabón más reciente en una cadena de persecución política que utiliza el aparato judicial para desmantelar a la oposición. Desde esta trinchera de comunicación independiente, esta redacción levanta la voz para exigir su liberación inmediata y denunciar un acto que consideramos ilegal, cruel e inhumano.
La historia de esta persecución tiene nombres y fechas. El 11 de abril de 2019, el entonces presidente Lenín Moreno Garcés ordenó la terminación del asilo diplomático de Julian Assange y lo entregó a la policía británica, sentando un precedente de sumisión frente a potencias extranjeras. El 5 de abril de 2024, el gobierno de Daniel Noboa ordenó el asalto a la Embajada de México en Quito para secuestrar al exvicepresidente Jorge Glas, quien horas antes había recibido asilo político. La Corte Internacional de Justicia sigue esperando una respuesta de un gobierno ecuatoriano que se niega a reconocer su violación a la Convención de Viena. Y recordamos, por supuesto, las acusaciones infundadas contra el expresidente Rafael Correa, un líder que ha denunciado desde el exilio una persecución que hoy alcanza a su movimiento y a sus principales figuras.
La estrategia sistémica indignante
La estrategia sistémica en el caso de Luisa González, al igual que el encarcelamiento del presidente municipal de Guayaquil, Aquiles Álvarez, nos debe indignar a todos. Ya basta de utilizar el miedo, sabemos que la derecha es lo único que sabe hacer para mantenerse en el poder. A Luisa la detuvieron la madrugada del 22 de octubre de 2026 en la parroquia Canuto, cantón Chone, provincia de Manabí, acusada de un presunto lavado de activos de 500.000 dólares relacionados con el financiamiento de su campaña de 2023.
El 5 de noviembre, se conectó vía telemática desde la cárcel de Riobamba para la audiencia de hábeas corpus. Esa noche, la vimmos portando el uniforme naranja reglamentario y se declarándose formalmente una perseguida política: “Como inocente que soy y perseguida política iba a dar la pelea junto a mi pueblo”, afirmó, recordando que nunca solicitó asilo en ninguna embajada a pesar de las amenazas y del allanamiento de su vivienda. La audiencia se suspendió sin resolución, dejándola en prisión preventiva.
La crueldad que no podemos normalizar
Luisa González es madre soltera de un niño de 12 años, quien ahora ha quedado al cuidado de sus abuelitos, personas mayores. A Daniel Noboa esto no le interesa, pero a nosotros sí, y estaremos dando a conocer a la comunidad esta crueldad. La justicia no puede ser un instrumento de venganza política, y el uso del sistema penal para neutralizar a adversarios es una práctica que corroe cualquier democracia mientras perjudica directamente a un menor de edad que ve a su madre privada de libertad sin una sentencia firme.
La lista de perseguidos no termina ahí. El alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez, permanece en prisión preventiva desde febrero de 2026, acusado de comercio irregular de combustibles, en un proceso que sus abogados califican como una condena anticipada. Su salud se ha deteriorado gravemente, con una pérdida de 26 kilos, y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ya admitió a revisión su caso por las condiciones inhumanas de reclusión.
A la Revolución Ciudadana la suspendieron como partido y fue excluida de las elecciones locales, una maniobra que busca eliminar la competencia política.
La dignidad de México y la valentía de Luisa
Ecuador merece un gobierno que respete la voluntad popular y los derechos humanos. La comunidad internacional, y en particular América Latina, debe alzar la voz. México, a través de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien nos asegura a todos que no habrá restablecimiento de relaciones mientras el gobierno de Noboa no reconozca la invasión a la embajada y ofrezca un desagravio. Esa postura es un ejemplo de dignidad y coherencia con los principios de no intervención y respeto al derecho internacional.
Tuve la oportunidad de conocer a Luisa González en persona, en el Encuentro del movimiento progresista global en Barcelona el 16 de abril. Recuerdo su entereza y su convicción. En aquel encuentro, ella advirtió que de regresar a Ecuador sería detenida. Y regresó. No pidió asilo, no se quedó en el exilio. Volvió para enfrentar las consecuencias, con la frente en alto. Esa valentía merece nuestro respeto y nuestro apoyo.

Exigimos la liberación inmediata de Luisa González. Exigimos la libertad de Jorge Glas y el fin de las persecuciones políticas en Ecuador. No podemos olvidar al alcalde de Guayaquil, cuya vida corre peligro tras meses de prisión preventiva sin sentencia. La solidaridad con los pueblos de América Latina nos obliga a denunciar estas arbitrariedades y a demandar que la justicia deje de ser un arma de persecución.

Colaboradora de Enlace Mexamerica. Licenciada en Relaciones Internacionales, licenciada en Economía, Maestra en estudios sustentables regionales y metropolitanos.
Promotora de la Cuarta Transformación y del Humanismo Mexicano más allá de las fronteras de mi querida patria.
Miembro de una familia binacional con muchos motivos de orgullo de ser mexicana.


