Y si sí: Estamos Unidos Mexicanos|El voto migrante rumbo a 2027

Desde el Área de la Bahía, con la mirada puesta en las urnas de 2027

Dicen que la democracia se mide en las filas; si fuera así, la nuestra tendría que ser de las más largas del mundo. En México esto no sucede del mismo modo porque en el ámbito público prevalece una ley no escrita: la simulación se ejerce como sistema.

En el caso de la comunidad migrante, una muestra palpable de esta práctica deleznable acondicionó uno de sus rostros tras la elección presidencial del 2 de junio de 2024. Mientras miles de connacionales esperaban afuera de los consulados sin voz para emitir su inconformidad y en condiciones humanamente incómodas —gracias a los “buenos oficios” de las sedes diplomáticas mexicanas en Estados Unidos—, las autoridades electorales celebraron una “participación histórica”. El Instituto Nacional Electoral (INE) reportó 184 326 votos emitidos desde el extranjero. Sin embargo, en suelo estadunidense viven entre 11 y 12 millones de personas nacidas en México, cifra que supera los 35 millones si se incluye a los descendientes de segunda y tercera generación.

Es una burla hablar de éxito —una palabra que encanta usar a la gente superficial de frases hechas— cuando la historia, ese día, se escribió en la banqueta. Más de cien mil mexicanas y mexicanos que hicieron todo lo que el sistema electoral les exigió, se quedaron a las puertas de ejercer su derecho. Se documentaron, siguieron las reglas, viajaron horas y esperaron de pie bajo el sol, sin sombra ni servicios sanitarios.

Y si sí, todavía estamos a tiempo de revertir ese fallo de nuestro servicio exterior

Y si sí existen las herramientas, pero falta la voz. A mi juicio, el problema radica en el procedimiento interno entre los representantes partidistas en el INE y los consejeros en turno. ¿Acaso no es necesario un calendario unificado que precise los tiempos de registro, llenado de formatos y modalidades de votación para garantizar que los husos horarios permitan equidad de participación en cualquier parte del mundo?

El 1 de septiembre de 2026 se anunció la digitalización de trámites a través de Mi Aplicación, Mi INE y Mi Consulado. Sobre el papel, es un puente que debería facilitar la participación desde el exterior. Sin embargo, a un mes de su aplicación, ese puente no tiene letreros ni difusión adecuada. Con un presupuesto millonario, la campaña se redujo a un anuncio escandaloso que no refleja resultados alentadores. No es falta de interés del migrante, sino ausencia de información precisa: cómo, cuándo, quién y dónde. Falta también una evaluación constante y retroalimentación real. Celebrar antes de tiempo nunca es buena idea.

Y si sí, exige un calendario paralelo que marque con claridad cada modalidad de votación, un derecho conquistado tras décadas de lucha migrante.

¿Una red consular que no responde?

México posee en Estados Unidos 53 consulados, la mayor red consular de país alguno en territorio extranjero. Es un activo enorme que sirve de poco cuando la gestión de la mayoría de sus sedes es deficiente. Una infraestructura de ese tamaño debería ser nuestra mejor credencial, no nuestra mayor queja.

El INE y los 32 organismos públicos locales tienen en puerta los Procesos Electorales Locales 2026-2027 y las elecciones federales del 6 de junio de 2027. Se renovarán 17 gubernaturas, 1 098 diputaciones, 18 057 cargos en ayuntamientos y 437 presidencias de juntas municipales, sindicaturas y regidurías.

Entre las entidades que renovarán gubernatura hay varias con lazos profundos en Estados Unidos: Guerrero y Michoacán con una intensidad migratoria muy alta; Baja California, Chihuahua y Nayarit con nivel alto. Casos como el de Aguascalientes —con 945.5 millones de dólares en remesas en 2025 (1.51% del total nacional)— recuerdan que detrás de cada cifra hay familias que se sostienen desde lejos.

La pregunta incómoda es inevitable: ¿el voto migrante es realmente efectivo o se está convirtiendo en un nuevo botín político para los estados? No queremos que sea el trofeo de una lucha mezquina, sino una voz con peso real en todo momento.

La simulación y la sombra del norte

La presidenta Claudia Sheinbaum planteó que los partidos estén obligados a someter a votación de las comunidades en el exterior a sus candidaturas para las diputaciones migrantes. La propuesta busca la elección directa: que la comunidad elija a sus representantes y que la agenda no la decidan las cúpulas partidistas. Resulta indignante que, mientras se celebra la no reelección, existan representantes migrantes que pretendan perpetuarse en una curul como si fuera herencia personal y no un encargo coyuntural.

A este panorama se suma una advertencia: “Negras tormentas agitan los aires”. Sectores de la ultraderecha y grupos conservadores en Washington buscan incidir en la política interna mexicana a través de facciones de la derecha estadunidense. Frente a ello, el oficialismo impulsa una reforma al Artículo 41 constitucional para sancionar la injerencia extranjera.

La experiencia latinoamericana ofrece lecciones claras: en Chile, Colombia, Perú o Argentina. Se trata de las fuerzas conservadoras que han ganado terreno impulsadas por plataformas digitales, pero también favorecidas por los errores estratégicos de las izquierdas electorales.

El ejemplo de Brasil es reciente: tras la primera vuelta ganada por Flávio Bolsonaro, investigaciones del NetLab de la UFRJ detectaron más de 500 anuncios irregulares en redes sociales que simulaban ser comunicados oficiales del Tribunal Superior Electoral.

Desde Estados Unidos el panorama es evidente: la derecha mexicana está organizada en territorio norteamericano, mientras Morena corre el riesgo de cometer errores evitables. Vale recordar el refrán: “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.

Que la multitud sea anfitriona

En Asamblea (2017), Michael Hardt y Antonio Negri señalan cómo los movimientos populares que llevaron a la izquierda al gobierno fueron posteriormente neutralizados por la propia burocracia estatal. Su propuesta es invertir la lógica: que las bases piensen la estrategia y las dirigencias ejecuten la táctica. Cabe preguntarse entonces: ¿quién dirige la estrategia del voto migrante: quienes viven del otro lado o quienes administran su representación?

Existe un México que cruzó la frontera y no dejó de ser México. Es el que envía remesas, canta en lenguas originarias, educa a sus hijos y se organiza; pero también es el que huyó de la violencia —como las familias de Guerrero que buscan asilo para proteger a sus hijos del reclutamiento forzado— y sigue pagando el costo de ser ciudadano desde otro suelo.

Ese México no pide favores. Pide que la puerta que se abrió en la ley se franquee también en la realidad: con información, calendarios claros, dignidad en la fila y representantes genuinos.

Y si sí, Estamos Unidos Mexicanos.