Del derecho a votar, al derecho a participar

Crónica de una batalla por los derechos políticos de las mexicanas y los mexicanos residentes en el extranjero

Winchester, Virginia, EU. El nacimiento de una nueva ciudadanía. El 22 de febrero de 2005 marcó un antes y un después para millones de mexicanas y mexicanos que vivimos fuera del país. Por primera vez en la historia, el Estado mexicano reconocía nuestro derecho a votar para elegir al Presidente de la República.

Aquella reforma abrió una puerta histórica y fui uno de esos mexicanos que decidió cruzarla. Desde entonces he participado en las elecciones presidenciales de 2006, 2012, 2018 y 2024, además de ejercer mi voto desde el extranjero para elegir gobernador del Estado de Puebla, senadores de la República y diputados federales cuando la legislación lo permitió.

Durante casi veinte años he promovido el voto de los mexicanos residentes en el extranjero y la obtención de la Credencial para Votar.

Siempre creí que ese era el camino para fortalecer nuestra democracia.

Cuatro elecciones después

Después de participar en cuatro elecciones presidenciales llegué a una conclusión.
El entonces IFE y posteriormente el INE realizaron enormes esfuerzos para facilitar el voto. Primero mediante el voto postal. Después mediante el voto por Internet. Finalmente mediante el voto presencial en sedes consulares.

Sin embargo, la participación continúa siendo reducida.

En la elección presidencial de 2024 únicamente se emitieron 184 mil 326 votos desde el extranjero.
Mientras tanto, el INE informó que al 16 de julio de 2026 había entregado 1 millón 947 mil 739 credenciales para votar desde el Extranjero.

Pero si observamos la dimensión completa de nuestra comunidad, la reflexión es inevitable.
Se calcula que aproximadamente 20 millones de mexicanas y mexicanos viven fuera del país, y si se considera a toda la población de origen mexicano en Estados Unidos, hablamos de cerca de 40 millones de personas.

Entonces surgió una pregunta. ¿Dónde está realmente el problema?

Durante años pensé que el desafío consistía en facilitar el voto. Hoy creo que el verdadero desafío comienza mucho antes. En mi opinión, el esfuerzo institucional se ha concentrado principalmente en la expedición de credenciales y en los mecanismos para emitir el sufragio. Pero hemos dejado prácticamente abandonada la participación política permanente.

No basta con votar

La democracia comienza con la posibilidad de afiliarse libremente a un partido político, participar en su vida interna, debatir ideas, construir liderazgos y ejercer plenamente los derechos consagrados en la Constitución.

Fue precisamente esa reflexión la que me llevó a solicitar formalmente mi afiliación a Morena.
No buscaba un cargo. No buscaba un privilegio. Buscaba ejercer un derecho constitucional.
El 17 de marzo de 2026 presenté formalmente mi solicitud de afiliación, exponiendo las barreras que enfrentan millones de mexicanas y mexicanos residentes en el extranjero para ejercer plenamente sus derechos político-electorales. De acuerdo con el juicio promovido posteriormente, la falta de respuesta se mantuvo pese a los escritos de seguimiento.

Ante esa situación, promoví un Juicio para la Protección de los Derechos Político-Electorales de la Ciudadanía ante la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
En ese juicio sostuve que el problema no es únicamente mi afiliación. El problema es estructural.

Planteé que millones de mexicanas y mexicanos residentes en el extranjero enfrentan barreras materiales para ejercer plenamente sus derechos de afiliación, participación política y eventual acceso a cargos de elección popular.

Experiencia que cambió mi visión

Paradójicamente, sin ser militante de Morena, fui designado Representante de Casilla durante la elección presidencial de 2024 en la sede consular de Washington, DC. Asumí esa responsabilidad con imparcialidad y compromiso democrático.

Desde el interior del proceso electoral observé el enorme esfuerzo realizado por funcionarios, representantes y personal consular. Pero también observé las dificultades. Vi ciudadanos que no lograban emitir su voto por problemas técnicos.

Presencié largas filas desde temprana hora. Escuché la frustración de quienes no pudieron votar antes del cierre de la jornada. Posteriormente conocí que situaciones similares ocurrieron en otras sedes consulares.

Aquella experiencia terminó de convencerme de que la democracia no puede reducirse a instalar una casilla.

Tesis

Después de veinte años promoviendo el voto llegué a una convicción. El problema ya no es únicamente votar. El problema es que millones de mexicanas y mexicanos residentes en el extranjero seguimos sin participar plenamente en la vida política nacional.

Los partidos políticos prácticamente desaparecen entre elección y elección. No existen estructuras permanentes en el extranjero. No existen mecanismos eficaces de afiliación. No existen programas permanentes de formación política. No existen verdaderas oportunidades para construir liderazgos migrantes.

Mientras eso no cambie, la participación electoral seguirá siendo limitada.

Propuesta

Esta experiencia me llevó a elaborar una propuesta de reforma electoral basada en un nuevo paradigma. Pasar del simple derecho a votar al derecho integral de participar. Una reforma que fortalezca:

La afiliación partidaria de las mexicanas y los mexicanos residentes en el extranjero;

La formación permanente de cuadros políticos migrantes;

La representación política de la diáspora;

La igualdad real de oportunidades para ejercer el derecho constitucional de votar y ser votado.

Porque la democracia no comienza cuando se deposita una boleta. La democracia comienza cuando cada ciudadano tiene una oportunidad real de participar en la construcción del destino de su país.

Apenas inicia una batalla

Mi juicio ante el Tribunal Electoral nunca tuvo como único propósito resolver un problema personal. Busca abrir una discusión nacional sobre el lugar que deben ocupar millones de mexicanas y mexicanos residentes en el extranjero dentro de la democracia mexicana La pregunta sigue vigente:

¿Puede hablarse de una democracia plenamente incluyente cuando millones de ciudadanos pueden votar desde el extranjero, pero enfrentan obstáculos para afiliarse, participar en la vida interna de los partidos y aspirar, en igualdad de condiciones, a representar políticamente a su comunidad?

Mientras esa pregunta no tenga una respuesta satisfactoria, mi convicción seguirá siendo la misma:

La democracia del siglo XXI debe reconocer plenamente a la Nación Mexicana Transterritorial. El voto fue el primer paso; la participación política efectiva es el siguiente gran desafío.

El siglo XX conquistó el sufragio efectivo. El desafío del siglo XXI es garantizar, para las y los mexicanos dentro y fuera del país, el ejercicio pleno del derecho a votar y el derecho a ser votados. Esa es la batalla democrática que aún está pendiente.