Ciudad de Guatemala. Los gobiernos de México y Guatemala rindieron un homenaje conjunto a las decenas de personas perseguidas y exiliadas políticas tras el golpe de Estado de junio de 1954, que derrocó al presidente constitucional Jacobo Árbenz Guzmán.
El acto conmemorativo consistió en una ceremonia oficial encabezada por el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, junto con el secretario de Relaciones Exteriores de México, Roberto Velasco Álvarez, y su homólogo guatemalteco, Carlos Ramiro Martínez.
En la conmemoración fue develada una placa conmemorativa en la fachada de la antigua sede de la Embajada de México en la capital guatemalteca.
Este emotivo ejercicio de memoria histórica sirvió para recordar y reivindicar que, tras el golpe militar de 1954 orquestado por la operación PBSUCCESS contra las reformas sociales y la reforma agraria (Decreto 900) de Jacobo Árbenz, las puertas de ese histórico inmueble diplomático se abrieron para dar refugio y salvaguardar la vida de más de 300 ciudadanos guatemaltecos, intelectuales, colaboradores y del propio expresidente Árbenz junto a su esposa María Cristina Vilanova.
Durante la develación de la placa, el secretario de Relaciones Exteriores de México, Roberto Velasco Álvarez, ofreció un discurso en el que subrayó el valor histórico de la diplomacia mexicana:
“El asilo es una de las convicciones más profundas de México… Que la memoria de Hugo René Sagastume, maestro de Chiquimula y radio técnico, nos recuerde que la patria también se construye desde lejos y que la fraternidad entre los pueblos es el refugio más seguro que existe”.
Por su parte, el presidente guatemalteco Bernardo Arévalo reconoció el gesto solidario histórico de México y enfatizó la voluntad de fortalecer la relación bilateral de amistad y cooperación entre ambas naciones.
Asimismo, en representación de las familias de los exiliados, Columba Sagastume expresó el profundo arraigo emocional de esta política exterior al señalar que “hay palabras que no caben en los diccionarios, porque se aprenden con el cuerpo y con la memoria. Una de ellas es asilo. Para mi familia, esa palabra tiene un rostro, un acento y una bandera: la de México”.
Este ejercicio de memoria histórica entrelaza el destino trágico que vivió el expresidente Jacobo Árbenz en 1954 tras renunciar el 27 de junio debido a la presión militar y obligado a buscar refugio en la embajada mexicana.
Árbenz y su familia sufrieron un exilio marcado por el despojo total de sus bienes en Guatemala —incluyendo la confiscación gubernamental de su finca El Cajón— y un largo peregrinaje que inició en México y siguió en Suiza, Francia, Checoslovaquia, la Unión Soviética, Uruguay y Cuba.
Durante este difícil transcurso en el extranjero, la familia enfrentó la dolorosa pérdida de su hija Arabella Árbenz Vilanova, quien se suicidó en Bogotá, Colombia, el 5 de octubre de 1965 a la edad de 25 años.
Años más tarde, Jacobo Árbenz regresó a México para pasar sus últimos días en la discreción y la austeridad, falleciendo el 27 de enero de 1971 a los 57 años en circunstancias solitarias.
Décadas después de estos atropellos, en 2011, el Estado guatemalteco reivindicó su memoria al pedir perdón público a los herederos y otorgarles una indemnización económica por las violaciones a sus derechos patrimoniales.
Con este homenaje binacional en la antigua sede diplomática, México y Guatemala reafirman la vigencia del derecho internacional humanitario y el asilo político como pilares fundamentales de la fraternidad regional.

Iniciativa periodística impulsada a principios de 2024 por periodistas, comunicadores y lìderes sociales, en su mayor parte mexicanos residentes en Estados Unidos.

