Washington / Ciudad de México. En una cumbre calificada como histórica por funcionarios estadunidenses, el gobierno norteamericano formalizó una amplia alianza internacional para reconfigurar las cadenas de suministro de minerales críticos, insumos considerados estratégicos para la innovación tecnológica, la transición energética, la industria de defensa y la seguridad nacional.
En este rediseño geoeconómico, suscrito por 54 países y la Unión Europea, México — cuya integración no ha estado exenta de críticas— , pues analistas, organizaciones sociales y defensores del territorio han advertido que el acuerdo podría profundizar un modelo extractivista con severas consecuencias sociales y ambientales.
México fue colocado en una posición central como aliado prioritario, al concretar uno de los primeros acuerdos bilaterales del bloque y asumir un papel activo en la construcción de un nuevo paradigma de comercio preferencial en la región de América del Norte.
Durante el encuentro convocado por el Departamento de Estado, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, subrayó que el objetivo principal de la iniciativa es romper la excesiva concentración global de minerales críticos en un solo país —en clara alusión a China—, una situación que, afirmó, se ha convertido en una palanca geopolítica capaz de generar perturbaciones económicas a escala mundial.
Rubio advirtió que el mundo desarrollado ha privilegiado el diseño de tecnologías avanzadas, pero ha descuidado la capacidad de construcción y aseguramiento de los insumos esenciales que las hacen posibles.
En este contexto, México fue incorporado como socio estratégico en un Plan de Acción bilateral de 60 días, diseñado para fortalecer la resiliencia mutua de las cadenas de suministro de minerales críticos y reducir la vulnerabilidad frente a prácticas no orientadas al mercado, subsidios estatales y esquemas de competencia desleal que han distorsionado los precios internacionales.
Un plan bilateral sin precedentes
El Plan de Acción México–Estados Unidos establece una hoja de ruta inmediata para analizar la viabilidad de políticas comerciales coordinadas, incluyendo la posible implementación de precios mínimos ajustados en frontera para importaciones de minerales críticos, inicialmente enfocados en un conjunto específico de insumos aún por definir.
Estas medidas buscan garantizar la rentabilidad de la extracción y el procesamiento fuera de China, proteger inversiones privadas y sentar las bases de un acuerdo plurilateral más amplio.
Además, el acuerdo contempla mecanismos de cooperación técnica y regulatoria, promoción de inversiones, coordinación en cartografía geológica, investigación y desarrollo tecnológico, almacenamiento estratégico conjunto y respuestas rápidas ante eventuales crisis de suministro.
Un componente clave es el intercambio de información entre el Servicio Geológico de Estados Unidos y el Servicio Geológico Mexicano para identificar y transparentar la ubicación de posibles yacimientos de interés común.
La instrumentación del plan quedó a cargo de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) y la Secretaría de Economía de México, consolidando a esta última como el eje negociador del acuerdo.
Liderazgo mexicano en Washington
Las negociaciones principales por parte de México fueron encabezadas por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien trabajó directamente en Washington para concretar la alianza y posicionar a la minería mexicana como un pilar estratégico dentro del marco del T-MEC.
El acuerdo fue anunciado alrededor del 4 de febrero de 2026 y se inscribe en una estrategia más amplia de integración regional frente a la competencia global.
De manera paralela, la Cancillería mexicana también tuvo presencia institucional en el proceso. El canciller Juan Ramón de la Fuente participó en la Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos, acompañado por el embajador de México en Estados Unidos, Esteban Moctezuma, y por Farid Hannan, director general de Diplomacia Económica.
No obstante, los reportes coinciden en que el liderazgo operativo y político del plan recayó principalmente en la Secretaría de Economía.
México en el tablero geopolítico de los minerales
La relevancia de México en esta nueva arquitectura responde tanto a su ubicación geográfica como a su potencial minero en insumos clave como el litio, el grafito y otros minerales estratégicos. En un mundo donde Estados Unidos importa actualmente más de 60 % de los minerales críticos que requiere para su industria y defensa, la cercanía territorial y la integración comercial convierten a México en un socio difícilmente sustituible.
El acuerdo se da además en un contexto de crecimiento económico moderado para México, con estimaciones oficiales que prevén un aumento del PIB de alrededor de 1.5 % en el año, al que podrían sumarse factores externos como la organización del Mundial de Futbol.
En este marco, la alianza con Estados Unidos es presentada por ambos gobiernos como una oportunidad para atraer inversión, fortalecer capacidades industriales y elevar el perfil estratégico del país en las cadenas globales de valor.
Una alianza bajo escrutinio
Sin embargo, la integración de México en el bloque global de minerales críticos no ha estado exenta de críticas. Analistas, organizaciones sociales y defensores del territorio señalan que la minería es una de las industrias más conflictivas del país, asociada al despojo de tierras, la violencia contra comunidades y defensores ambientales, y la degradación de ecosistemas.
También se ha cuestionado la coherencia del giro actual con compromisos previos del gobierno federal, como la intención de prohibir la minería a cielo abierto o la declaratoria del litio como patrimonio de la nación.
En estados como Sonora, donde se concentran importantes yacimientos de grafito y litio, crecen las preocupaciones sobre posibles violaciones al Convenio 169 de la OIT por la falta de consultas previas, libres e informadas a pueblos indígenas y comunidades rurales.
Entre oportunidad estratégica y dilema soberano
A pesar de las controversias, para Washington el acuerdo con México representa un avance decisivo en la construcción de un bloque de aliados —integrado ya por más de 54 países y la Unión Europea— capaz de disputar a China el control de los insumos fundamentales del siglo XXI.
Para México, la alianza lo coloca en el centro de una disputa geopolítica mayor, con oportunidades económicas significativas, pero también con riesgos claros para la soberanía, el medio ambiente y la cohesión social.
La manera en que el Plan de Acción se instrumente en los próximos meses, y el equilibrio que logre entre desarrollo industrial, responsabilidad ambiental y respeto a los derechos comunitarios, definirá si el papel de México en esta cumbre histórica se consolida como una palanca de desarrollo estratégico o como un nuevo frente de tensión interna y dependencia externa.
Editor, vive en la Ciudad de México, nacido en Coahuila. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha trabajado como reportero de fuente en medios informativos como Norte de Juárez y Diario de Juárez; laboró en el Suplemento Cultural Palabra, de Ensenada, Baja California.

