La apertura de la 144ª sesión ordinaria del Congreso ante la Asamblea Legislativa quedará grabada en la historia argentina no como un acto republicano, sino como una noche bochornosa dominada por el discurso de un presidente que se mostró, a todas luces, mentiroso y desquiciado.
Javier Milei construyó un discurso totalmente alejado de la realidad agobiante que sufre el pueblo, y se sostiene sobre datos dudosos; otros en su totalidad falsos y que desafían cualquier análisis estadístico serio.
Entre las falsedades más flagrantes, se encuentra la promesa de que la actividad minera generará un millón de puestos de trabajo en ese rubro en La Patagonia o la cínica afirmación de que los obreros de las fábricas que hoy cierran sus puertas serán absorbidos por una economía modernizada que aún no existe.
Sin rastro de vergüenza, el mandatario llegó a asegurar que el salario de la población se ha triplicado en dólares y que el desempleo ha bajado, una burla cruel para quienes enfrentan la inflación y la pérdida de sus puestos de trabajo en el presente inmediato.
En el plano de las relaciones exteriores, el discurso ratificó un arrastrado seguidismo a Donald Trump, a quien el mandatario agradeció de forma personalísima, y confirmó que la economía está en manos de los exejecutivos de la banca Morgan.
De este modo, la conducción política del país parece ahora guiada por un ideario sionista, y pone de manifiesto un apoyo incondicional a Estados Unidos e Israel en el ataque a Irán.
Para justificar este alineamiento, Milei no dudó en denostar la tradicional posición de neutralidad de Argentina durante los grandes conflictos del siglo XX y calificar como un error histórico el rechazo al “No al ALCA”, un hito de soberanía regional que, según su visión, fue lo que impidió al país integrarse al mayor ciclo de expansión económica mundial.
Este delirio de posicionamiento en la política internacional se completó con nuevas expresiones despectivas contra Cuba, lo que evidencia una política exterior basada en el prejuicio ideológico y la sumisión a intereses ajenos.
El despropósito y el insulto como norma discursiva
La puesta en escena del presidente fue descrita como una imagen psicótica, marcada por el insulto permanente y denigrante contra cualquier forma de oposición.
Desde el estrado, se lanzaron epítetos como “cucas”, “ignorantes”, “asesinos”, “chorros”, “cavernícolas” y “parásitos” contra los legisladores presentes. El ensañamiento fue particularmente bajo contra la diputada Myriam Bregman, a quien descalificó apodándola “Chilindrina troca”.
Ante esta violencia verbal, las respuestas tibias de los sectores progresistas resultaron insuficientes, pues se limitaron a gritos aislados y carteles, cuando la dignidad institucional exigía abandonar el recinto ante el primer insulto proferido por quien hoy ocupa el sillón de Rivadavia.
Mientras tanto, los medios de comunicación hegemónicos se condujeron como cómplices silenciosos, y omitieron cualquier crítica sustancial a estos exabruptos que deshonran la investidura presidencial.
Esta retórica agresiva fue el marco para consolidar una entrega nacional sin precedentes, facilitada por la traición de gobernadores que, en un acto de sumisión absoluta, instruyeron a sus legisladores para votar a favor de los proyectos del Ejecutivo federal.
Reformas laborales, extractivismo y alineamiento internacional
De esta manera resultó humillante presenciar el festejo de los senadores oficialistas ante la aprobación de la nueva ley de glaciares, una normativa que condena el agua para las futuras generaciones al permitir su explotación por corporaciones extractivistas, lo que garantiza un daño ecológico irreparable.
Con igual euforia, celebraron la sanción de una ley laboral retrógrada que nos retrotrae a condiciones de esclavitud, al legalizar jornadas de 12 horas, el salario pagado en especie, el despido sin costo alguno, la eliminación de convenios colectivos y el trabajo en negro.
Además, el desmantelamiento de derechos alcanzó al Estatuto del periodista, mientras simultáneamente se reducen impuestos para la adquisición de bienes suntuosos como embarcaciones de lujo y aviones.
Finalmente, el programa económico oficial parece reconocer que su única viabilidad reside en la represión estatal. Por ello, se impulsa con urgencia la ley que baja la edad de imputabilidad de los menores, en busca de criminalizar la pobreza y construir cárceles para niños; ello acontece mientras se profundiza el desfinanciamiento de la educación pública.
Ante este avance devastador, la Confederación General del Trabajo (CGT) ha optado por una estrategia burocrática de presentaciones ante una justicia entregada y cooptada por el poder político.
De este modo este organismo de trabajadores elude su responsabilidad de convocar a un paro nacional por tiempo indeterminado que movilice al pueblo en las calles para frenar este atropello.
Así, como ya informé anterirmente para Radio Habana Cuba, se puede concluir que Argentina se encuentra en un abismo institucional donde la crueldad y la mentira se han convertido en política de Estado.

Secretario del Club Argentino de Periodistas Amigos de Cuba, integrante del Movimiento Argentino de Solidaridad con Cuba, Corresponsal de Cubainformacion.TV – fotógrafo – Analista político – Licenciado en Administración

