Francia nacionaliza ArcelorMittal en búsqueda de soberanía económica

La Asamblea Nacional de Francia aprobó este 27 de noviembre de 2025 la ley para nacionalizar las operaciones del gigante siderúrgico ArcelorMittal. Esta decisión histórica, impulsada por el partido La Francia Insumisa y respaldada por masivas protestas sindicales, subraya una tendencia global donde las naciones reafirman el control sobre sus recursos y industrias estratégicas.

El contexto en Francia es claro: los trabajadores y el gobierno se enfrentan a lo que perciben como deslealtad corporativa. A pesar de recibir subsidios estatales, ArcelorMittal anunció recortes de alrededor de 630 empleos en sus plantas francesas, particularmente en Dunkerque, y fue acusada de deslocalización y de realizar inversiones insuficientes. La respuesta fue una contundente movilización obrera y una acción legislativa. Con 127 votos a favor, los diputados franceses decidieron que la soberanía industrial no puede estar sujeta a los intereses de una multinacional.

Gigante Global

Para entender la magnitud de esta decisión, es necesario conocer la empresa en cuestión. ArcelorMittal es el resultado de la fusión en 2006 entre la europea Arcelor (que a su vez era un conglomerado de acereras de Luxemburgo, Francia y España) y la Mittal Steel Company, del magnate indio Lakshmi Mittal. Esta unión creó el mayor productor de acero del mundo, con una presencia masiva en más de 60 países y una capacidad industrial que influye en los mercados globales. Sin embargo, su modelo de negocio, a menudo centrado en la eficiencia financiera global, ha generado frecuentes conflictos laborales y con gobiernos que exigen compromiso a largo plazo con las comunidades donde opera.

Este hecho en Francia no puede sino traer a la memoria la decisión soberana tomada por el presidente Andrés Manuel López Obrador en 2023, cuando el gobierno mexicano adquirió las operaciones de la española Iberdrola. Aquella movida estratégica no fue simplemente una compra; fue un acto de autonomía para rescatar un sector vital de las manos del interés privado extranjero que, por décadas, había dominado el mercado en perjuicio de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y de los consumidores mexicanos.

La adquisición de las plantas de Iberdrola por parte del Estado mexicano fue un paso fundamental para garantizar que la energía, bien público esencial, se administrara con un criterio social y no solo de lucro. Esta acción, piedra angular de la política energética de la 4T, aseguró que las tarifas fueran justas y que las ganancias se reinvirtieran en el desarrollo nacional, no se enviaran al exterior.

Política Pública al Servicio de la Gente

Tanto el caso de ArcelorMittal en Francia como el de Iberdrola en México comparten un principio fundamental: la defensa de la soberanía nacional y el interés colectivo frente a la lógica deshumanizada de las corporaciones globales. Son ejemplos de que, cuando el capital privado prioriza sus ganancias sobre el bienestar de las naciones, los pueblos y sus gobiernos tienen el derecho y la obligación de intervenir.

La Cuarta Transformación ha demostrado con hechos que es posible y necesario poner la economía al servicio de la gente. La nacionalización en Francia es un eco de esta convicción en el corazón de Europa, confirmando que la lucha por la justicia económica y la autodeterminación no conoce fronteras. Es un recordatorio para los mexicanos en el exterior y para el mundo: recuperar el control de lo propio es el primer paso para construir un futuro con verdadera justicia y dignidad para las mayorías.

El Empuje Legislativo y Sindical vs. la Oposición Gubernamental

La ley, impulsada por el partido de izquierda La Francia Insumisa y respaldada por masivas protestas sindicales, fue aprobada mayoritariamente en la Asamblea Nacional. Los sindicatos y los diputados insumisos argumentan que es la única respuesta posible ante los recortes de unos 630 empleos y la deslocalización de la empresa, que habría incumplido sus compromisos a pesar de recibir subsidios estatales.

Sin embargo, esta decisión parlamentaria choca frontalmente con la postura del gobierno francés. El ministro de Industria, Marc Ferracci, declaró de manera contundente que la nacionalización “no es la respuesta adecuada”. Ante las cámaras de BfmTv, el ministro argumentó que “Se nacionaliza cuando hay un desafío estratégico, pero también cuando no hay una solución industrial”. Para el gobierno, el reto no es estatizar, sino forzar a ArcelorMittal a invertir en la modernización y descarbonización de sus plantas, como la de Dunkerque, afectada por los recortes.

El caso de ArcelorMittal en Francia muestra la disyuntiva que muchas naciones enfrentan: confiar en la voluntad inversora de una multinacional o tomar el control directo de un activo estratégico para la nación. La Francia Insumisa y los sindicatos apuestan por lo segundo, alineándose con el principio mexicano de la soberanía económica. El gobierno francés, por el contrario, aún confía en negociar con la lógica del capital.

Para los mexicanos en el exterior, este debate internacional refuerza la visión de la Cuarta Transformación: la economía debe estar al servicio del pueblo. México, con la adquisición de Iberdrola, ya eligió su camino hacia la autonomía, un ejemplo de que priorizar el bien común sobre los intereses corporativos no es una utopía, sino una política de Estado posible y necesaria.

Es en el Senado donde se definirá si esta propuesta de Ley se ratifica. Por el bien de todos, primero los pobres.