En un análisis profundo y crítico, el profesor Ramón Grosfoguel desglosa el significado del show de Bad Bunny en el Super Bowl del pasado 8 de febrero, asegura que más allá del espectáculo musical, fue un potente desafío antifascista, antirracista y anticolonialista.
El sociólogo puertorriqueño, con una vasto trabajo de análisis social en Estados Unidos, lanza una reflexión sobre la colonialidad y el racismo al interior del país.
Observador del contexto político y social actual de Estados Unidos, especialmente bajo la administración de Donald Trump, nos ofrece una perspectiva única, que hace notar la ignorancia de muchos críticos latinoamericanos y del sur global que, a su juicio, no comprenden las dinámicas internas del imperio.
Se trató de una acción de resistencia sutil pero contundente. Grosfoguel enfatiza que, aunque el evento se enmarca en lógicas capitalistas, el artista logró imponer sus condiciones para montar un espectáculo que no fue manipulado por las corporaciones.
Las coreografías, escenarios y mensajes musicales se alinearon al fortalecimiento de la lucha antifascista y antirracista dentro del imperio, un aspecto que, según el profesor, muchos críticos pasan por alto al reducirlo a una mera expresión capitalista o del llamado “multiculturalismo liberal”.
Supremacismo histórico
Contextualiza históricamente la supremacía blanca en Estados Unidos, desde el apartheid post-Guerra Civil hasta la mutación del discurso racial hacia el culturalismo, después de la lucha por los derechos civiles en 1964.
Explica cómo el multiculturalismo liberal, aunque aparentemente inclusivo, sirvió para maquillar un estado supremacista blanco, incorporando rostros de minorías para ocultar su carácter racial.
Sin embargo, esta estrategia entró en crisis, dando paso a un “fascismo puro y duro” bajo Trump, caracterizado por la represión, el terrorismo de estado contra migrantes (especialmente latinos) y la creación de milicias.
En este escenario, la intervención de Bad Bunny la interpreta como una bofetada al fascismo.
El artista, consciente de los riesgos (uso un chaleco antibalas en su presentación), utilizó su plataforma para lanzar mensajes poderosos.
Recordó que su discurso en los Grammy, una semana antes del Super Bowl, inició la frase “Out ICE”, y su insistencia en el español durante el show, desafiaron directamente la visión supremacista blanca.
La escenografía del cañaveral, las referencias a la cultura caribeña y puertorriqueña (como el coco frío, el dominó, las piraguas, el coquí, la pava), y la aparición de figuras como Toñita y Ricky Martin, son elementos culturales que Grosfoguel desglosa como afirmaciones de identidad y resistencia.
En el tema de la emancipación de la mujer interpreta que la coreografía de “Yo perreo sola”, a pesar de las críticas de sexismo, se interpreta como una reivindicación del derecho de las mujeres a la autonomía.
La presencia de Lady Gaga, una mujer blanca “latinizada” bailando salsa, es vista como un guiño a las mujeres blancas para unirse a la construcción de un mundo fuera de la supremacía masculina blanca, un acto “escandaloso” para el patriarcado racista.
Gentifrificación
La canción “Lo que le pasó a Hawaii”, interpretada por Ricky Martin, es un llamado de atención al colonialismo de población que amenaza a Puerto Rico, donde la gentrificación y el desplazamiento de la población local por parte de “millonarios blancos americanos” replican la historia de archipiélago en medio del Pacífico.
El mensaje final de Bad Bunny, “God bless America”, seguido de la mención de todos los países del continente, se interpreta como una descolonización del concepto de “América”, desafiando la apropiación exclusiva de este término por parte de los blancos estadounidenses.
Grosfoguel defiende la intervención de Bad Bunny como una lucha antifascista y antirracista, aunque no sea explícitamente anticapitalista o anticolonial en un sentido purista.
Argumenta que, en la lucha contra el fascismo, es necesario forjar alianzas amplias, incluso con sectores con los que no se está completamente de acuerdo, aprovechando las contradicciones internas de las élites.
Critica el “purismo” y el “infantilismo de izquierda” que descalifican estas acciones por no ser “antitodo”, señalando que la política de liberación requiere pragmatismo y la capacidad de sumar fuerzas contra el enemigo principal.
Los latinos
Finalmente, Grosfoguel aborda la identidad “latina”, explicando que es una categoría racial imperial heterogénea. No todos los latinos son sujetos colonizados; algunos son “blanqueados” y asimilados al mundo blanco, disfrutan de privilegios.
Destaca la solidaridad de los puertorriqueños, que, al ser ciudadanos estadounidenses, pueden asumir una responsabilidad ético-política que otros migrantes no pueden, como lo demostró Bad Bunny al traer a puertorriqueños a su show.
El profesor concluye con un mensaje de solidaridad y la necesidad de una organización interna y alianzas amplias entre los grupos racialmente inferiorizados dentro del imperio, lo que incluye a trabajadores migrantes no latinos y grupos como las Panteras Negras, para enfrentar el fascismo y la represión.

Iniciativa periodística impulsada a principios de 2024 por periodistas, comunicadores y lìderes sociales, en su mayor parte mexicanos residentes en Estados Unidos.

