Aros olímpicos como esposas: Milán desafía el rostro represivo de los Juegos de Invierno

Las protestas contra los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 —realizadas un día después de la ceremonia inaugural— han marcado un punto de inflexión en el tono oficial de esta justa deportiva. Mientras autoridades italianas y el Comité Olímpico Internacional (COI) insistían en presentar los Juegos como una celebración de unidad, sostenibilidad y cooperación internacional, en las calles de Milán emergió una lectura radicalmente distinta.

El símbolo más elocuente de la oposición a ese discurso oficial fueron los carteles y mantas que transformaron los aros olímpicos en esposas policiacas.

 Se trata de una imagen directa, incómoda y difícil de neutralizar, que resume el rechazo a un modelo olímpico percibido como represivo, excluyente y profundamente político.

La movilización fue encabezada por el Comité Olimpiadas Insostenibles (COI, reivindicativo), una red de organizaciones estudiantiles, anticapitalistas y ambientalistas fundada en Milán, que desde hace años cuestiona el impacto social, urbano y ecológico de los Juegos.

El COI y la crítica al modelo olímpico: ciudad vigilada, montaña explotada

Para este colectivo, las olimpiadas no es un torneo deportivo aislado, sino un megaproyecto que reconfigura ciudades y territorios sobre consideraciones de beneficio económico, vigilancia y control.

La marcha que reunió a cerca de cinco mil personas, desde Porta Romana hasta Corvetto, puso en escena esa crítica integral: pancartas contra la especulación inmobiliaria, árboles de cartón para denunciar la tala en zonas alpinas y consignas que reclamaban “reconquistar las ciudades” frente a la privatización del espacio público.

En ese marco, la presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) acompañando a la delegación estadunidense se convirtió en un catalizador de la protesta.

Los carteles de los aros convertidos en esposas apuntaron directamente a esa decisión, vinculando el ideal olímpico con las políticas de detención, deportación y persecución de migrantes que han marcado la conducta de ICE en Estados Unidos.

La imagen funcionó como una acusación visual: para los manifestantes, los Juegos no sólo celebran el deporte, sino que legitiman dispositivos de control que traspasan fronteras.

ICE, seguridad y control: el detonante de la movilización

El mensaje cobró mayor fuerza en un contexto de fuerte despliegue de seguridad, con miles de agentes, que amplía la capacidad de detención preventiva y un discurso gubernamental que asocia protesta con amenaza.

Los enfrentamientos entre manifestantes y policía —que dejaron más de un centenar de agentes policiales heridos—, el uso de gases lacrimógenos y las detenciones reforzaron la percepción de que esta actividad deportiva se sostiene sobre la base de excepcionalidad permanente, donde la libertad de expresión queda subordinada a la seguridad del espectáculo.

La tensión también se trasladó a los actos oficiales. El abucheo al vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, durante la inauguración de los juegos en el estadio San Siro, se inscribió en la misma línea de rechazo que recorrió las calles.

JD Vance y la grieta entre la ceremonia oficial y la protesta social

Así, lejos de ser un episodio aislado, el gesto fue leído por los organizadores de la protesta como una extensión simbólica de las movilizaciones: la impugnación pública de una figura asociada con políticas antimigrantes, represión interna y apoyo a conflictos bélicos.

Para muchos manifestantes, los silbidos dirigidos a Vance relacionaron Milán con otros lugares de protesta global, como Mineápolis, mencionada explícitamente en pancartas y consignas.

De este modo, las protestas impulsadas por el COI —el de los carteles de los aros-esposas— y el abucheo a JD Vance conformaron una misma actitud crítica. Una postura que cuestiona la idea de unos Juegos Olímpicos apolíticos.

La inconformidad denuncia una conducta que, bajo el lenguaje de la paz y la cooperación, consolida alianzas entre gobiernos, agencias de seguridad y grandes intereses económicos.

En Milán, la imagen de los aros convertidos en esposas no sólo interpeló al ICE, puso en tela de juicio el significado contemporáneo del olimpismo y el costo social, ambiental y democrático de celebrarlo.