Democracia de proximidad: luces y sombras del modelo municipal francés a las puertas de las elecciones de 2026

Elecciones municipales en Francia 2026
“La memoria como lente: lo que México 2006 me enseñó sobre el poder mediático”

Regresé a Francia con la memoria viva. Es importante señalar que ciertas experiencias marcan la mirada para siempre. En 2006, yo vivía en Bretaña y desde Europa vi con enorme frustración cómo se construyó, desde todos los medios de comunicación, la figura de un “peligro para el país”.

Un candidato que proponía transformaciones profundas, que hablaba de recuperar la soberanía nacional, de poner límites a los privilegios de las élites, fue sistemáticamente presentado como una amenaza existencial. Lo llamaban “populista”, “autoritario”, “antisistema” en el peor sentido de la palabra.

A pesar de aquella guerra mediática, ese hombre ganó la elección: Todos sabemos que AMLO triunfó a pesar de todos los esfuerzos de la mafia mediática y de poder, pero el fraude se concretizó, hiriendo profundamente a la sociedad mexicana.

Pasaron 12 años de lucha y movilización para que ese hombre lograra por voluntad popular, ser el presidente de México, y el país no se hundió en el abismo que profetizaban las portadas de los periódicos.

Esa memoria es un lente. Y cuando uno vive en otro país, ese lente se activa sin querer. Aquí, en Francia, mientras ayudo a repartir volantes, hablo con las personas, invito a los habitantes a salir a votar por La France Insoumise el 15 y el 22 de marzo y estoy con todo apoyando para lograr un triunfo en las elecciones municipales de 2026 en París donde vivo yo y en La Rochelle donde vive mi hijo, no puedo evitar que esa mirada entrenada por el 2006 me susurre al oído: “esto ya lo vi antes”.

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“Demasiado tiempo en el mismo lugar: los alcaldes que no se van”

Porque lo que observo en el panorama político francés de los últimos meses tiene ecos inquietantes. Por un lado, la arquitectura del poder local: los ayuntamientos, esa institución tan cercana, tan cotidiana, es donde se deciden desde las ayudas sociales hasta el permiso para arreglar una fachada. En Francia, el alcalde es una figura con atribuciones casi señoriales: gestiona el urbanismo, reparte las viviendas sociales, organiza la vida cultural, decide inversiones. Es, para muchos ciudadanos, la cara más tangible del Estado. Y sin embargo, en demasiadas comunas, esa cara es la misma desde hace 18, 20 o incluso 30 años.

Tomemos un ejemplo que conozco bien: Boulogne-Billancourt, distrito donde vive una de mis mejores amigas, por tanto lo he caminado muchas veces; se encuentra en las afueras de París. Una ciudad próspera, la segunda con mayor renta per cápita de la región, ha sido gobernada por el mismo alcalde desde 2008.

Hay muchos otros ejemplos; Le Cannet, en la Costa Azul, donde la alcaldesa lleva tres décadas en el cargo. O Puteaux, donde el apellido Ceccaldi es sinónimo de poder municipal desde hace más de veinte años. O Lyon, donde Gérard Collomb acumuló 18 años de mandato alternando con cargos ministeriales .

De una larguisima lista, mi favorito es un tal André Santini que tiene 85 años, lleva 7 períodos y acaba de lanzar su campaña desde el hospital. ¡No suelta el cargo!. ¡Que alguien le explique que esto de la democracia no es una monarquía!. Todos estos son solo ejemplos de cómo el poder personal termina por encarnarse en figuras que parecen insustituibles en países que hipócritamente dan lecciones de democracia y alternancia al mundo.

Son casos documentados, públicos, que no vulneran la ley francesa —porque la ley permite la reelección indefinida— pero que invitan a preguntarse: ¿hasta qué punto esta continuidad es democracia y hasta qué punto es gestión de lo heredado, control de los aparatos locales, dificultad real para que nuevas voces emerjan?

Otra pregunta que me surge es ¿porque la Francia que conozco, la que se cree bien democrática, se llena la boca señalando a pueblos que mantienen a sus gobernantes en el poder llamando a sus presidentes dictadores o peor, tiranos, argumentando que están ahí por manipulación y fraudes y tranquilamente apoyan su derrocamiento; cuando en las mismas entrañas de su territorio encontramos reyezuelos y reynitas aferradas a su trono.

“Lo que se decide en las alcaldías: ayudas, obras y sospechas”

Pero no es solo la perpetuación en el poder lo que llama la atención. Es lo que ocurre mientras se perpetúan. En mis conversaciones con vecinos de distintos barrios, varios me han compartido inquietudes sobre cómo se gestionan, por ejemplo, las listas de vivienda social.

Hay quien sospecha —y en algunos casos hay investigaciones periodísticas que lo sustentan— que las atribuciones no siempre van a quienes más lo necesitan: madres solteras, familias migrantes en situación regular, trabajadores precarios, sino a personas cercanas al partido gobernante, a familias de concejales, a votantes fieles. Es el clientelismo de toda la vida, ese que practicó el PRI por décadas, pero con el barniz de la legalidad republicana europea.

Y luego está la gestión de lo público. El puente de Tasdon, en La Rochelle, es un símbolo perfecto: una estructura centenaria que lleva más de dos años cerrada porque se cae a pedazos, mientras el ayuntamiento, el departamento y la empresa de ferrocarriles se culpan mutuamente y nadie asume la factura de 30 millones de euros. Los vecinos, atrapados en disputas administrativas; el puente, oxidándose. La sensación, para quien lo observa desde fuera, es de que lo público se convierte en un campo de batalla de egos y presupuestos, mientras las necesidades reales quedan en segundo plano.

He tenido que recorrer y platicar mucho antes de escribir este artículo y me sorprendió escuchar que aquí también hay un tema de fraude electoral. En las conversaciones de la calle, en los mercados, en las filas del pan, he escuchado a franceses de a pie compartir sus propias dudas sobre la limpieza del proceso: dificultades para que ciertos partidos tengan representantes en todas las mesas, sospechas sobre el tratamiento de votos en algunas comunas, la sensación de que “el sistema” juega con ventaja. Son testimonios que, sin pretender generalizar, alimentan una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto la democracia francesa es tan ejemplar como a menudo se presenta hacia el exterior?

“La fábrica del ruido: cinco multimillonarios contra la izquierda transformadora”

Pero quizá lo más llamativo, lo que realmente ha encendido las alertas de mi memoria mexicana, es lo que ocurre en estos mismos días con la única fuerza política que, a mi juicio, representa una alternativa transformadora real: La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon.

Sucede algo muy curioso: un partido que iba adelante en las encuestas, que ganó por amplia mayoría las diputaciones de 2024, con un programa que propone recuperar soberanía, aumentar el poder adquisitivo de las clases populares, proteger los servicios públicos y gravar a las grandes fortunas —es decir, exactamente lo que no quieren oír los dueños de los grandes medios—, de repente se ve envuelto en una tormenta mediática desproporcionada.

Un lamentable suceso violento en el que una persona fallece, sin ninguna vinculación demostrada con el partido, se convierte en excusa para que todos los medios, como si fueran una sola persona, lancen una campaña sistemática de desprestigio. Los titulares se repiten como un mantra: “La Francia Insumisa, responsable indirecta”, “Mélenchon, el peligro”, “La izquierda radical, cómplice”. La palabra “asesino” flota en el ambiente informativo, aunque no haya ni una sola prueba.

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Y uno, que tuvo que soportar amargamente lo ocurrido el 2006 en México, reconoce el patrón: la creación de un enemigo interior, la satanización del adversario político, la cobertura unánime que no deja espacio para la duda ni para el contraste.

Lo vivimos con Andrés Manuel López Obrador, al que llamaban “un peligro para México”. Lo veo ahora con Mélenchon, al que llaman “un peligro para la República”. Y mientras tanto, en las redes, perfiles sin rostro, repiten consignas idénticas, amplificando el ruido, ahogando cualquier intento de debate serio.

Por eso escribo estas líneas. No como una extranjera que viene a dar lecciones, sino como alguien que ha visto esta película antes y reconoce los decorados. Las elecciones municipales de 2026 son una cita importante para Francia. En ellas se decidirá quién gestiona lo más cercano: la escuela del barrio, la plaza del pueblo, la ayuda social, la licencia de obra. Y en ellas también se medirá hasta qué punto la ciudadanía francesa es capaz de mirar más allá del ruido mediático y discernir entre proyectos reales y campañas de desprestigio fabricadas en laboratorio.

Y en ese ejercicio de mirar más allá, conviene preguntarse: ¿quién produce ese ruido y con qué intereses? Porque no es casualidad que el único partido que amenaza con tocar los privilegios de las grandes fortunas sea también el único al que todos los grandes medios atacan con la misma saña.

En Francia, la mayor parte de los medios de comunicación que “fabrican opinión” pertenecen a un puñado de multimillonarios con intereses directos en otros sectores económicos : Vincent Bolloré, a través de Vivendi, controla CNews, Europe 1, Paris Match y el Journal du Dimanche; Bernard Arnault, del grupo de lujo LVMH —séptima fortuna mundial según Forbes , es propietario de Les Échos, Le Parisien y Radio Classique ; la familia Dassault, ligada a la industria aeronáutica y de defensa (los aviones Rafale), controla Le Figaro; el armador Rodolphe Saadé, del grupo CMA CGM, ha añadido a su imperio BFMTV, RMC y La Tribune; y el grupo Lagardère, antes de ser absorbido por Bolloré, combinaba medios como Paris Match con participaciones en el gigante armamentístico europeo Airbus.

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Son los mismos que se benefician de las guerras que engordan sus cuentas, los mismos que defienden no pagar impuestos a las grandes fortunas, los mismos que ven con malos ojos cualquier proyecto redistributivo. Y llevan meses, años, ocupados en desprestigiar al único partido y a sus diputados que, si llegan al poder, han anunciado que desmantelarán lo que consideran una red mediática que manipula y miente el servicio de esos mismos intereses.

Definitivamente es importante informar que en este país son cinco personas las que controlan lo que lees, ves y escuchas, por lo tanto el pluralismo informativo se convierte en una ficción.

“No vengo a dar lecciones, vengo a compartir lo que veo”

Este artículo solo pretende tender puentes entre dos orillas: la mexicana y la francesa, la experiencia pasada y la observación presente. Porque si algo nos enseña la historia reciente de nuestros pueblos es que los mecanismos de control del poder se parecen más de lo que creemos, y que la única forma de desactivarlos es nombrarlos, compartirlos, someterlos a la luz de la discusión colectiva.

Las municipales están a la vuelta de la esquina. Ojalá que, cuando llegue el momento, la ciudadanía francesa tenga toda la información para decidir con libertad. Y ojalá que los medios, esos mismos que ahora actúan como un solo bloque, sepan que el partido al que yo apoyo y he apoyado siempre desde que surgió hace 10 años, está llevando a cabo la misma estrategia que morena; ir puerta por puerta, casa por casa, corazón por corazón y que, si bien la sociedad francesa está muy resignada con la pérdida paulatina de su soberanía aún hay grandes luchadores en las filas de la izquierda verdadera, en las filas de LFI

Desde aquí, como mexicana en el exterrior, migrante, parte de una familia binacional y con gran convicción envío un saludo a la Presidenta de morena; Luisa María Alcalde y a la Presidenta de morena en el Estado de México; Luz Maria Hernández quienes con gran convicción, estrategia pero sobre todo un programa integral que defiende la justicia social y reivindica día con día el Humanismo Mexicano, han logrado que la revolución de las conciencias sea tan profunda que no habrá medio de comunicación que cambie la tendencia.

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La construcción del Segundo Piso de la Cuarta Transformación, la consolidación del Plan C y la defensa de la soberanía son posibles gracias al trabajo partidista y a la dignidad del pueblo de México que se identifica en todos los rincones del planeta con este generoso proyecto de nación.

Cuando hablo con personas de diversos orígenes en Europa, de todo lo alcanzado gracias a la llegada del mejor partido en la historia de México, me lleno de una profunda y sincera alegría, para mí existen muchos #MotivosDeOrgulloDeSerDeMéxico.