Migrante…pero no de los nuestros
Hay debates que parecen técnicos, pero en realidad son profundamente políticos. Éste es uno de ellos.
Hoy, en el proceso de selección del Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE), se ha abierto una grieta que no podemos ignorar: la interpretación de la acción afirmativa migrante.
Porque, no nos engañemos. Aquí no está en discusión si una persona tiene trayectoria, preparación o experiencia. Eso, en el caso que hoy se debate, sobra.
El punto es otro. Mucho más delicado.
La representación auténtica de la comunidad migrante
¿Quién representa realmente a la comunidad mexicana residente en el extranjero?
Y la respuesta no puede construirse con conceptos difusos ni con atajos jurídicos.
Se nos dice que la identidad es válida, que la ciudadanía sustantiva es transformadora, que el enfoque debe ser transnacional. Todo eso suena bien. Es elegante. Es teórico.
Pero también puede ser profundamente peligroso si se usa para diluir lo esencial.
Porque la acción afirmativa migrante no nació en un aula, ni en un seminario:
Nació en la lucha.
En los jornaleros invisibles.
En las madres que cruzaron la frontera con sus hijos.
En los paisanos que trabajan, envían remesas y siguen siendo tratados como ciudadanos de segunda.
En millones de mexicanos que viven fuera, pero nunca han dejado de ser parte de este país.
Ésa es la comunidad migrante.
Ése es el sujeto que se busca proteger.
No cualquier experiencia migratoria.
No cualquier trayectoria internacional.
No cualquier interpretación amplia de la palabra “migrante”.
Porque si todo es migración, entonces nada lo es.
El riesgo del sentido original de la condición de migrante
Hoy nos dicen que basta con la autoadscripción.
Que basta con declararse migrante.
Que basta con tener una historia personal vinculada a la movilidad humana.
Y ahí es donde debemos detenernos.
Porque si aceptamos eso, abrimos una puerta que después no podremos cerrar:
la de convertir las acciones afirmativas en simples etiquetas administrativas;
la de sustituir representación real por cumplimiento formal;
la de desplazar, una vez más, a quienes han sido históricamente excluidos.
Y entonces ocurrirá lo de siempre en México:
Se cumplirá la cuota… Pero se traicionará la causa.
No se trata de excluir a nadie,
se trata de no desvirtuar lo que tanto ha costado construir.
Una persona puede ser migrante.
Puede ser mexicano por naturalización.
Puede tener una carrera impecable.
Pero eso no significa automáticamente que represente a la comunidad mexicana residente en el exterior, que es el corazón de esta acción afirmativa.
Confundir eso no es un error menor; es un precedente.
Y los precedentes, en materia electoral, construyen o destruyen derechos.
Hoy es un caso.
Mañana será la regla.
Y cuando eso ocurra, alguien dirá que la comunidad mexicana residente en el extranjero ya está representada… Aunque en realidad nunca haya estado sentada en la mesa.
Por eso éste no es un debate académico, es un punto de quiebre.
O defendemos el sentido real de las acciones afirmativas,
o aceptamos su simulación elegante.
Y la historia, ésa que no perdona, siempre termina cobrando las simulaciones.

